jueves, 10 de septiembre de 2009

Presencia

Una buena noche ella y yo nos perdimos por los campos traviesos del amanecer, hasta ese momento, gobernaba mi astucia y soberanía, más no concedía poder sobre mi alguno. Desde aquella mañana, ya no soy más que un despojo de piel porque se quedó con todo mi ser, sólo le bastó una noche para dejarme seco por dentro y dolorido por fuera, sólo me bastó dejarla pasar para que se llevara mi pasión y mi deseo.

Ayer por la tarde paseaba tranquilo por las calles circundantes al entorno del que ella me prendó, casi pude apreciar el aroma de su cuerpo a 100 metros de distancia, casi...

Al verla sentí la necesidad nausebunda de apoyarme en un árbol y respirar tranquilamente, me sentí asqueado del tropieso y casi olerla, caminé rápidamente en dirección contraria, caminé muchos pasos, sólo me detuve cuando los pies me quemaban y ya no sabía dónde me encontraba, la vida da vueltas me decía a mi mismo, pensando que tal vez, en algún momento la sabría pagar mi desdicha y aunque no lo deseaba de corazón, mi pensamiento estaba en eso. Pasaron los días y recibí un llamado anónimo, era ella, quería concertar una reunión por medio de una amiga, no se atrevía a llamarme directamente, me negué al comienzo, pero al final accedí, a su amiga le dije que iría por curiosidad, porque en realidad no quería saber de ella y en realidad es cierto, salvo por sentirme satisfecho de verla como yo. Al otro día, la vi echa un despojo parecido a mí, cansada de llorar, cansada de mentir, cansada de ella misma, sus ojos hinchados y cara de despedida me lo anunciaban, se iría, tal vez para siempre pero dependía de mí. Hablamos largas horas bajo una estátua en la estación, al final me pidió perdón por el castigo de sus pasos por mi vida, asentí con la cabeza sobrecogido por su relato, la perdoné de veras, la perdoné, pero la dejé llorardo en la estación, no podía más con su carga, apenas con la mía me dolía la espalda y no quise seguir escuchando. Ló último que supe fue que la encotraron boca arriba a la orilla del río Mapocho, con su cuerpo hinchado por el agua, un brazo fracturado, y los ojos perdidos. Se había intoxicado con somniferos y se lanzó, esa fue la noticia que leí en el diario, esa fue la noticia que me marcó.

Desde aquella vez, desde aquella maldita vez que la veo en la misma calle, con un brazo al revés, caminando media torcida y sus ojos dilatados, desde aquella vez que siento el aroma de su cuerpo y cuando la veo vomito. De una vez por todas quisiera que descanse, porque yo no puedo seguir encontrándola, no puedo seguir fingiendo que no la veo, no puedo seguir sintiendo que no debí dejarla sola, aunque ella me había cambiado por su amiga.