Hoy desperté con una sensación de vacuidad que me embargaba hasta el alma, me presionaba el pecho sin dejarme respirar tranquilo, te extraviaste en el corto transcurso a mi cama, te esperaba y me dormí, no llegaste, desperté sólo y abrazando la almohada de ese lado vacío que tanto duele, aquel que dejas cuando te marchas.
A veces no quisiera que me abandonaras de esa forma, quisiera detenerte otro minuto para inmortalizar tu imagen serena en mis ojos y verte por todas partes, pero sin confundir tu aroma, ni tu boca, ni tu espalda encantada que invita a mis brazos a rodearla. Aunque a pesar de todo, te confieso que últimamente he estado llorando mucho internamente, guardé mi tiempo en un baúl donde tengo cartas, historias, huellas, fotografías, la botellita del perfume que usabas, todo lo que no abro y al parecer, tampoco cierro.
jueves, 16 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Sicología, libro de apoyo...
Tenía una copa de Carmenere en la mano, el eterno cigarrillo en encendido en el cenicero y cartas cara abajo en la otra mano, esperando su jugada, mientras analizaba el contorno.
Sentado sobre la alfombra, miraba alrededor, los muebles, los sillones, las cartas, el humo del pucho, bebía y mientras sentía bajar el vino por mi garganta, miraba de reojo la botella a mis pies con el corcho sobre puesto, hasta que ella me dice, ¡te toca!, y mientras doy vuelta mis cartas, me quedo pegado mirando debajo del televisor un manual entre otros que lo sostenían como base que decía: SICOLOGIA - Libro de apoyo.
Sentado sobre la alfombra, miraba alrededor, los muebles, los sillones, las cartas, el humo del pucho, bebía y mientras sentía bajar el vino por mi garganta, miraba de reojo la botella a mis pies con el corcho sobre puesto, hasta que ella me dice, ¡te toca!, y mientras doy vuelta mis cartas, me quedo pegado mirando debajo del televisor un manual entre otros que lo sostenían como base que decía: SICOLOGIA - Libro de apoyo.
sábado, 4 de julio de 2009
Tiempo
Quise dejar de mirarme en el televisor, como la mala jugada del destino en la película de moda, mirando pasar las estaciones mientras se seguía consumiendo mi vida en un fondo de sepia, tal vez los segundos que pintaste no llegaron a ser la excusa perfecta para admirar eternamente como se descascara tu belleza, pues no me resultó justo que te arrebataran de mis brazos esta noche sin dejarme apreciar tu rostro sencillo y ojos impávidos. Quería sumergirme entre tu cabellera y cuello, quería salpicar de palabras tus oídos y obtener una sonrisa, pero nada resultó, el teléfono fue más corto que de costumbre, el correo no funcionó, el mensaje fue impreciso y la noche, demasiado larga para pasarla en soledad.
Se que te comenté dentro de mi estado semi etílico, que quería estar contigo no importara la situación, simplemente porque ahora me da lo mismo, hubiese querido que fuera diferente, con los años, uno le apuesta al tiempo y a veces pierde, lo importante en el juego, es haberse arriesgado. Yo quiero hacer eso, transgredir el tiempo y apostarle a ganador aunque la proporción sea 50-50, parte de mi en su eterna lucha observa y omite, la otra desea y obtiene, la misma disyuntiva para el tiempo y yo, jamás terminaré de desafiarme, mejor terminaré de comer mi torta de Chocolate y dejaré el teclado descansar por ahora, tiempo tengo de sobra hasta que se me agote la vida.
viernes, 3 de julio de 2009
Insomnio
Será diferente pensaba, tiene un aire a Sophie Ellis, pero sólo eso, mientras enciendo cigarrillos medio apagados, agotaba minutos tratando de encontrar excusas para dejar de recordarla.
Un café sobre el escritorio, lo observo con fascinación y me resisto a beberlo, me hacen mal, aunque en esta ocasión siento que me caería bien, pero por qué, porque creer que me hará sentir mejor si se lo contrario. Muchas vagas ideas siguen cruzando mis parpados casi cerrados, a ratos mis dedos escriben un par de líneas y se entumecen nuevamente, creo que el sueño me agobia, el café sigue enfriándose, el cenicero está lleno, no siento los pies, Ella Fitzgerald se sigue reproduciendo constantemente, ya me aprendí la canción y me siento igual, “no tengo nada excepto blues” , creo que soy empático a ella, creo que debería apagar el computador y dejar de escribir, apagar la cabeza y dejar de pensar en ella también, me hizo mal pensarla, parece que me quedé congelado y no es usual en mí sorprenderme, será que la extraño y no reconozco que estoy molesto. Tal vez no es nada y un poco de insomnio me tiene consternado, cada vez que cierro los ojos la veo y cuando los abro también, cerraré su fotografía y me iré a acostar…
Muy tarde...
El humo del cigarrillo impregnaba mi rostro, acompañado del eco nocturno del taco de mis botas por las calles desoladas, imágenes paganas y el recuerdo de una conversación trascendente inundaban mi cabeza.
Llegué muy tarde esa noche, la atmosfera estaba rodeada por un silencio consumidor, casi silente. Me lancé sobre el sillón para relajar la espalda y encender otro cigarrillo, subí los pies, me quité las botas, presioné el control remoto del televisor casualmente con el codo y se encendió en nada, miré el reloj que marcaba pasado las 4 de la madrugada, el cigarro encendido entre mis dedos se consumía, mientras hacía argollas con el humo.
Pasado media hora me quedé dormido profundamente, casi inmóvil, desperté sobresaltado por un movimiento brusco, el televisor seguía encendido y me permitió visualizar una silueta cruzando entre el y yo, mi espanto fue superior, me habló, me llamó por mi nombre y me dijo “Carlos, anda a acostarte”.
Desde aquella vez, ya no me duermo en el sillón cuando llego tarde...
Llegué muy tarde esa noche, la atmosfera estaba rodeada por un silencio consumidor, casi silente. Me lancé sobre el sillón para relajar la espalda y encender otro cigarrillo, subí los pies, me quité las botas, presioné el control remoto del televisor casualmente con el codo y se encendió en nada, miré el reloj que marcaba pasado las 4 de la madrugada, el cigarro encendido entre mis dedos se consumía, mientras hacía argollas con el humo.
Pasado media hora me quedé dormido profundamente, casi inmóvil, desperté sobresaltado por un movimiento brusco, el televisor seguía encendido y me permitió visualizar una silueta cruzando entre el y yo, mi espanto fue superior, me habló, me llamó por mi nombre y me dijo “Carlos, anda a acostarte”.
Desde aquella vez, ya no me duermo en el sillón cuando llego tarde...
jueves, 2 de julio de 2009
En Santiago no hay secretos...
... para encuentros clandestinos.
Tarde unos minutos y ella aún me esperaba en la estación, el encuentro no era casual, habíamos quedado cerca de las 7 y yo llevaba casi 30 de apuro, dos llamadas, la espera, el taco, en fin…
Nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, un leve aumento de mis latidos al mirarla, ella, de una tibieza pálida contemplaba mis excusas y tomaba mis manos para calentarlas.
La idea de ir al café no era mala, pero muy corta, quería tenerla conmigo y el tiempo corría, bajamos a la estación y nos fuimos al Barrio Bellavista, por allí anduvimos caminando y recorriendo sus calles y su bohemia unos minutos sin decisión, hasta que entramos al Patio Bellavista. Este era nuestro sitio, encontramos un ambiente acogedor, poca gente, muy selectiva, buena atención y lo mejor, teníamos ese grado de privacidad que quieres cuando estás conociendo y maravillándote de ella, todo estaba preciso, la música de fondo, el clima ideal para compartir una mesa en la terraza de uno de sus bares a pesar de encontrarnos en invierno, pero bueno…
Allí nos decidimos por una mesa, íbamos directo a ella cuando la veo saludar, me imaginé que era alguien diferente, tal vez alguien de la Universidad o algún amigo de la casa, pero no un compañero de trabajo conocido por ambos. Queríamos que nuestro encuentro fue discreto, casi clandestino, queríamos sentirnos ajenos al mundo aunque hubiera gente de por medio, compartir un espacio, reírnos, salir de la rutina, pero no fue así, por unos minutos no hicimos más que hablar de cambiar de lugar, ir a otro sitio y olvidarnos de la casual coincidencia, él se estaba acompañado de otro colega y bebían, nosotros ya habíamos ordenado y nos trajeron el pedido…
Después de cambiar el tema de conversación y a veces retomarlo, nos decidimos por irnos, ellos se cambiaron de lugar, un poco más alejado, querían la misma privacidad, nosotros pedimos la cuenta y nos largamos, nos despedimos de él y "nadie encontró a nadie", ese fue el acuerdo y nos marchamos, caminamos otro poco, nos reímos y aunque estábamos compenetrados, no podíamos evitar reírnos del encuentro.
Visitamos otro lugar, bebimos algo, vimos unos videos, nos reímos otro poco y fui a dejarla, no quería que se fuera sola, yo quería acompañarla, ella no se negó, me encanta, es una mujer espléndida, con pequeñas o muchas diferencias por descubrir pero hay que darle curso, mientras tanto nos dedicamos a pasar el tiempo luego yo de mis cosas y ella de su oficina, a veces nos juntamos, a veces hablamos por teléfono o nos mandamos correos, pero es así, compartimos muchas cosas antes de los Viernes de Fútbol entre sus colegas y yo. Al llegar a su casa, nos despedimos, abrazos, besos y ¡que llegues bien!.
-Gracias por acompañarme.
-No- Gracias a ti por invitarme. Otras pequeñas risas y que descanses, camino a mi casa no podía evitar pensar en la mujer que no tenía nada que ver en esta historia, que estaba ebria y daba mucho jugo, nada que ver aquí, en estas líneas pero apareció, tal y cual ayer en varias ocasiones, incluso al irnos y aunque no se cómo terminaría su historia, si se como comienza la mía.
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