Había escrito unas cuantas cosas antes de llegar a esto y la verdad para mí, es que no me atrevía a bombardear el teclado con palabras sin sentido, porque en el fondo quiero escribirte.
Suponía que tal vez no llegarías, aunque la verdad te esperaría un par de horas antes de irme, quería verte, muy adentro lo necesitaba y no me preguntes por qué, no tengo una respuesta mayor a ese cuestionamiento, simplemente sabía que sería nuestra tarde.
Las cosas han cambiado desde que apareciste nuevamente, me agrada pensar en ti, o las mínimas conversaciones que tenemos durante la semana en las que a veces nos mofamos de nuestra aletargada existencia, pero más que esto, me agrada pensar que te siento cerca. Es un echo que me gustas, me he otorgado esa licencia en decírtelo sin tu consentimiento pero si, me gustas y la verdad, me satisface más enunciártelo que esconderlo, porque se que te has dado cuenta de ello y aunque no te pronuncies al tema, me doy por satisfecho de mostrarlo.
La tarde transcurrió en un sinnúmero de cosas, la breve caminata al museo, la importancia de nuestros pareceres y las correspondientes bromas aladas, que en algún momento le dieron esa perspectiva graciosa a mi fascinación de mirarte animada explicándome y contándome sobre las historias que tus viajes y tus vivencias, aunque a veces sucede que uno se concentra tanto en algo o alguien que es inevitable prestar la atención adecuada a lo demás, eso me sucedió, pero estaba prendido observándote, a veces oyéndote y otras opinando, pero siempre ahí, contigo con ganas de abrazarte en ocasiones y en otras tantas reírme a carcajadas por los desenlaces, aunque muy en el fondo a veces sentía que quería acurrucarme contigo y dormirme un par de minutos abrazado a tu espalda y disfrutar de nuestro silencio.
Creo que ayer nuestras copas se cruzaron dos veces y al brindar simplemente por la vida, yo brindaba por encontrarte otra vez. Quise regalarte un millón de cosas más que una botella de vino y una ensalada de frutas “sin ciruelas”, ja ja ja, tal vez seguir inventando excusas para verte, el deporte, el trabajo o que se yo, hacer realidad esas invitaciones postergadas por cuestiones de ambos pero que le dan sabor a nuevos encuentros, esas cosas que por no hablarlas en otro momento alargaron la cita y el atardecer que oscureció nuestras siluetas sobre una manta, en ese parque etílico, tus historias, las mías, el entorno, el aroma de tu piel cuando el viento se asomaba detrás de ti o como brevemente agitaba tus cabellos con la misma gracia en que regalas una sonrisa, pero de esa forma, allí, tus ojos, tus manos, tú, toda tu, eras lo que más admiraba y sólo dije que eras linda, tal vez un poco inusual de mi parte compartirle tantas palabras al mundo, a sus gentes y tan pocas o tan atravesadas para poder decírtelas, pero es así, de esta manera me perdí en un teclado ahora tratando de animarme a contarte en mi manera de ver las cosas, nuestra tarde y que podría haber durado mucho más, pero lo entretenido que de ver las cosas con los ojos de un niño a veces, es que puedes verlas con ojos inmensos y sin que se escape la vida en ello, aprendes a no querer todo inmediato y mirar más allá, sabiendo que no será el último atardecer que disfrutarás de esa manera, para mí también fue nuevo, compartir un Domingo así y el abrazo de despedida siempre genial de nuestros encuentros. Un día de estos, será más que una tarde y un abrazo, créelo, yo también quiero creer lo mismo que tú…
lunes, 30 de marzo de 2009
sábado, 28 de marzo de 2009
Me falta, pero ¿qué me falta?
“En ocasiones hacemos opiniones diversas sobre las cosas, pero sucede que sin querer dañamos con nuestro parecer, esto también me ha pasado contigo, algunas de las cosas que nos compartimos nos dañan y tú, inconcientemente lo has hecho conmigo. Espero en el futuro no tener más manifestaciones sentimentales porque me he vuelto débil y no necesito esa fuerza, esa energía no la quiero gastar luchando contra mis principios por una estupidez en desconocimiento”.
Estaba recordando las cosas que por miles deseaba contarte, entre otras, que necesitaba verte para hablar fuera de la oficina y de esas ganas locas que me embargan por decirte mis razones, pero pasa que no me siento cómodo y aunque espero cosas que jamás llegarán, a veces tan poco las necesito.
Cuando creo en mi locura y me arrebato a decirlo para sentir que lo estoy, aunque la razón de ello, por mucho que deseo verlo, no quiere manifestarse y eternaliza la ambigüedad que profesa mi rayada cordura emocional. Te digo que si, en efecto soy extraño, más de lo que crees y también tengo miles de defectos que se cruzan por nuestras conversaciones.
Pasando al punto real, necesito dejar de ver las palabras cruzar en el aire y sentirme aludido, pasa que estoy tan sensible últimamente, que todo me afecta, más cuando una salida que se suponía entretenida, no lo fue tanto para mi, porque mi cuerpo me jugó una mala pasada y no pretendo hacer más cuestionamientos a las cosas que veo cuando me miro al espejo, necesitaba hacer mil cosas distintas aquella noche, de las cuales unas pocas eran contarte las cosas que ahora decido guardar. Para mi ya no hay tiempos ni demoras en nada, para mí se acabaron las excusas y las contrariedades y creo por mucho que los grados de alcohol que circulaban por mi sangre, no me dejaron ver el contenido exacto de mi cabeza, siempre cuento lo que tomo y esa noche me habré bebido unos cuatro tragos y ahí quedé más que mareado, con una necesidad exhaustiva de evacuarlo todo, aunque todo tiene que ver con mi cabeza y ese es mi error, mi delgada humanidad me grita cuales son los límites que no debo cruzar y aunque lo pasé bien en un comienzo, luego todo se volvió bochornoso para mí, creo que ni siquiera me despedí como la gente y me parece que tampoco te agradecí por acercarme a lo que luego fue, una salida mayor, necesitaba escapar de mi mismo y de mis recuerdos, de las cosas que me hacen mal, de las cosas que me hacen volver.
Tomé un taxi y me destiné a mi casa, en el camino hice tres paradas, las necesarias para limpiar mi organismo del poco y malogrado alcohol que ingerí, luego y ya mejor, seguí el rumbo que se me empezó a aclarar, me fui a la casa de una amiga y llegué llorando, medio mojado y medio muerto de frío, pero necesitaba decirle a alguien que hace poco he visto a mi madre y no comprendía porque la miraba sin decir mucho y me tenía tan arremolinado. Esta semana que pasó, fue una semana de comienzos y las líneas ya están trazadas, la extrañaba y mucho, pero no me hizo bien verla y eso me tiene consternado. Me fui al centro buscando una cafetería abierta, necesitaba estimularme con un poco de café y unos cigarrillos, me bajé del taxi cerca de la plaza de la constitución, me acerqué a una de las piletas a mojarme el rostro pero me acerqué mucho, me resbalé, no tanto como para caer muy dentro, pero si lo necesario para mojarme los guantes, las mangas, parte del hombro y la cabeza y a esa hora hacía frío, no había mucha gente a esas horas y la verdad poco me importaba, comprenderás que me resfrié, medio mojado como estaba y ya más despierto, logré tomar otro taxi a la casa de mi amiga, una casa que por lo demás me encanta, vive en el tercer piso de un palacio como le decimos, con una vista espectacular de Santiago nocturno, Una de esas construcciones antiguas en las cuales un piso vale por dos y sus grandes ventanales, dejan por mucho reflejarte casi completamente cuando tus ojos buscan las luces extinguidas del alba, el cielo estaba teñido de nubes grisáceas, el aire estaba muy denso, el café no se hizo esperar, muy cargado y recién hecho, unos cobertores encima y me recosté en el sillón circular donde miramos la Luna cuando satirizamos la vida en la costumbre que tenemos de cuestionarlo todo. No me hizo muchas preguntas, excepto decirme que durmiera luego para que habláramos al despertar, me dejó tapado, mi ropa secando en el baño y se fue a dormir. Cuando desperté eran como las 11 de la mañana y ya no hacía tanto frío, mi ropa no estilaba, pero estaba muy húmeda todavía, así que me prestó algo de su hermano y la ducha y luego tomamos desayuno en el solar que hay en el techo, fue entonces que me desprendí de todo, lloré como nunca, lo hice y me gustó, ella se evocó sólo a atenderme y me dijo que lo único que debía hacer era relajarme y seguir en mi desahogo, que no debo beber alcohol cuando mi cabeza loca está muy susceptible, que puedo contar con ella aunque a su pareja no le agrade mi presencia en su vida, porque siempre tiene tiempo para su hermano regalón y con el cual comparte muchas cosas, en efecto somos hermanos, no consanguíneos aunque me gustaría, pero nos hicimos hermanos una tarde de verano hace ya unos cuantos siglos, antes de reencarnar en lo que somos ahora, unos románticos locos que viven satisfaciendo la necesidad de expresar y analizar el entorno y luego plasmar la historia con misticismos y subterfugios disfrazados en la prosa, de regalar sonrisas donde no las hay y de simular que todo está bien cuando los hechos no nos acompañan. Creo que me he perdido, he estado viviendo en otro espacio, me interné en mis pensamientos y me hizo daño, pero si te fijas en los detalles, podrás analizar mi forma de ver las cosas, aunque en todo, no es muy diferente del resto.
Me falta, pero ¿qué me falta?
Tú me faltas…
Estaba recordando las cosas que por miles deseaba contarte, entre otras, que necesitaba verte para hablar fuera de la oficina y de esas ganas locas que me embargan por decirte mis razones, pero pasa que no me siento cómodo y aunque espero cosas que jamás llegarán, a veces tan poco las necesito.
Cuando creo en mi locura y me arrebato a decirlo para sentir que lo estoy, aunque la razón de ello, por mucho que deseo verlo, no quiere manifestarse y eternaliza la ambigüedad que profesa mi rayada cordura emocional. Te digo que si, en efecto soy extraño, más de lo que crees y también tengo miles de defectos que se cruzan por nuestras conversaciones.
Pasando al punto real, necesito dejar de ver las palabras cruzar en el aire y sentirme aludido, pasa que estoy tan sensible últimamente, que todo me afecta, más cuando una salida que se suponía entretenida, no lo fue tanto para mi, porque mi cuerpo me jugó una mala pasada y no pretendo hacer más cuestionamientos a las cosas que veo cuando me miro al espejo, necesitaba hacer mil cosas distintas aquella noche, de las cuales unas pocas eran contarte las cosas que ahora decido guardar. Para mi ya no hay tiempos ni demoras en nada, para mí se acabaron las excusas y las contrariedades y creo por mucho que los grados de alcohol que circulaban por mi sangre, no me dejaron ver el contenido exacto de mi cabeza, siempre cuento lo que tomo y esa noche me habré bebido unos cuatro tragos y ahí quedé más que mareado, con una necesidad exhaustiva de evacuarlo todo, aunque todo tiene que ver con mi cabeza y ese es mi error, mi delgada humanidad me grita cuales son los límites que no debo cruzar y aunque lo pasé bien en un comienzo, luego todo se volvió bochornoso para mí, creo que ni siquiera me despedí como la gente y me parece que tampoco te agradecí por acercarme a lo que luego fue, una salida mayor, necesitaba escapar de mi mismo y de mis recuerdos, de las cosas que me hacen mal, de las cosas que me hacen volver.
Tomé un taxi y me destiné a mi casa, en el camino hice tres paradas, las necesarias para limpiar mi organismo del poco y malogrado alcohol que ingerí, luego y ya mejor, seguí el rumbo que se me empezó a aclarar, me fui a la casa de una amiga y llegué llorando, medio mojado y medio muerto de frío, pero necesitaba decirle a alguien que hace poco he visto a mi madre y no comprendía porque la miraba sin decir mucho y me tenía tan arremolinado. Esta semana que pasó, fue una semana de comienzos y las líneas ya están trazadas, la extrañaba y mucho, pero no me hizo bien verla y eso me tiene consternado. Me fui al centro buscando una cafetería abierta, necesitaba estimularme con un poco de café y unos cigarrillos, me bajé del taxi cerca de la plaza de la constitución, me acerqué a una de las piletas a mojarme el rostro pero me acerqué mucho, me resbalé, no tanto como para caer muy dentro, pero si lo necesario para mojarme los guantes, las mangas, parte del hombro y la cabeza y a esa hora hacía frío, no había mucha gente a esas horas y la verdad poco me importaba, comprenderás que me resfrié, medio mojado como estaba y ya más despierto, logré tomar otro taxi a la casa de mi amiga, una casa que por lo demás me encanta, vive en el tercer piso de un palacio como le decimos, con una vista espectacular de Santiago nocturno, Una de esas construcciones antiguas en las cuales un piso vale por dos y sus grandes ventanales, dejan por mucho reflejarte casi completamente cuando tus ojos buscan las luces extinguidas del alba, el cielo estaba teñido de nubes grisáceas, el aire estaba muy denso, el café no se hizo esperar, muy cargado y recién hecho, unos cobertores encima y me recosté en el sillón circular donde miramos la Luna cuando satirizamos la vida en la costumbre que tenemos de cuestionarlo todo. No me hizo muchas preguntas, excepto decirme que durmiera luego para que habláramos al despertar, me dejó tapado, mi ropa secando en el baño y se fue a dormir. Cuando desperté eran como las 11 de la mañana y ya no hacía tanto frío, mi ropa no estilaba, pero estaba muy húmeda todavía, así que me prestó algo de su hermano y la ducha y luego tomamos desayuno en el solar que hay en el techo, fue entonces que me desprendí de todo, lloré como nunca, lo hice y me gustó, ella se evocó sólo a atenderme y me dijo que lo único que debía hacer era relajarme y seguir en mi desahogo, que no debo beber alcohol cuando mi cabeza loca está muy susceptible, que puedo contar con ella aunque a su pareja no le agrade mi presencia en su vida, porque siempre tiene tiempo para su hermano regalón y con el cual comparte muchas cosas, en efecto somos hermanos, no consanguíneos aunque me gustaría, pero nos hicimos hermanos una tarde de verano hace ya unos cuantos siglos, antes de reencarnar en lo que somos ahora, unos románticos locos que viven satisfaciendo la necesidad de expresar y analizar el entorno y luego plasmar la historia con misticismos y subterfugios disfrazados en la prosa, de regalar sonrisas donde no las hay y de simular que todo está bien cuando los hechos no nos acompañan. Creo que me he perdido, he estado viviendo en otro espacio, me interné en mis pensamientos y me hizo daño, pero si te fijas en los detalles, podrás analizar mi forma de ver las cosas, aunque en todo, no es muy diferente del resto.
Me falta, pero ¿qué me falta?
Tú me faltas…
¿Carpe diem?
"Las letras llegan por sí mismas, solas, de la misma forma en que entraste en mi vida como el pequeño rayo de luz que me deja ver el polvo circundante entre las sombras y la humedad adyacente de la pieza, así mismo, fue que tus delirios rozaron mi frente y me despertaron para abrazarte”.
Otra vez caminé junto a ti en mi oído, otra vez. Otra vez canté canciones en la calle rumbo a mi destino. Un objetivo, liberar la energía que me cansa de no poder contenerla, rabiando con los ojos y con el lápiz que no me acompañó mucho en el camino, haciendo rayas locas en el cuaderno porque necesitaba escribir caminando como otra veces y la tinta no me dejó estampar bien mis ideas para contártelas.
Alameda con las Rejas hasta General Velásquez, este era mi paso, sonriendo de un día como hoy, de un día que termina en pocos lugares agradables a la sintonía que se logra cuando quieres escapar del mundo, recorriendo sus calles, casi ciego porque tu universo esta en otro sitio, uno más lejano y menos violento. Aquí afuera todos atropellan, todos, nadie mira a los ojos y pide disculpas por rozar tu espacio de libertad, todos viven así, más lento que el reloj y más rápido que la vida, dejándose abatir por la rutina, por la maldita urbe que hemos creado, y yo, sintiéndome arquitecto de una ciudad nocturna, de un Santiago nocturno para tus oídos.
Recordaba mientras paseaba, un momento de felicidad como pocos, de esos perdidos entre las personas, los espacios que pueden disfrutarse sin estar lejos como unas hermosas rosas rojas en la recepción de nuestro piso, perfumadas de su naturaleza muerta y desgastada, ornando un sitio frío y cambiando el aspecto seco de las paredes para resaltar su belleza, aun, cuando esta se agotará en muy poco tiempo, son rosas que me hacen recordar a cada instante el color de una pasión, mi pasión, rosas, que me provocan afinidades etéreas, volátiles y meditabundas.
He sentido la necesidad de describir en el camino y en voz alta esta sensación, una soñolienta instancia que predica la suspicacia de ansiar tus ojos a mis letras, de sentirlos recorrer las líneas imaginarias de una conciencia desgastada, de satirizar el sueño que se escapa, de acumular segundos y adelantar la vida muriendo más rápido, donde cambiamos todos y nuestro entorno en cada respiro, sin dejarnos ver por qué caminamos y qué nos mueve.
Se me agotan las palabras cuando tengo otra fijación, una más profunda que invade mi curiosidad, una más suave y delicada elocuencia, una constancia, un eco, un grito magullado en la distancia rebotando entre las paredes de esta selva de cemento, de pasto seco, árboles teñidos de amarillo y sus hojas caídas como cadáveres de muestra intoxicación, casi pateando nuestra esencia, ensuciando mis zapatos entre las hojas muertas, ensordeciendo mis oídos a los bocinazos y al aire caliente de las bestias colectivas que parecen una estampida de colores luchando por el espacio que otra deja, esperando las señales de nuestros reflejos condicionados. En este mundo de bestias hay que luchar por ser humano, en este mundo debemos agradecer a quien nos daña porque nos hace más fuertes, en este mundo, aprendemos a amar lo que no significa “amar”, nos enamoramos de los espacios, los recuerdos, la compañía, pero no de nosotros y hasta en eso somos egoístas porque no vemos como se caen las capas de nuestra piel, o como se apagan los ojos, nadie nota que los zapatos viejos han soportado nuestro peso y se desgastan en la forma que gastamos nuestro tiempo, estamos locos querida mía, porque no vemos, estamos locos, porque en realidad no vivimos, quisiera saber quisiera, ¿quién le hace justicia al tiempo que matamos?
-¡Nadie!-, porque yo también estoy sumergido en este mar urbano.
Otra vez caminé junto a ti en mi oído, otra vez. Otra vez canté canciones en la calle rumbo a mi destino. Un objetivo, liberar la energía que me cansa de no poder contenerla, rabiando con los ojos y con el lápiz que no me acompañó mucho en el camino, haciendo rayas locas en el cuaderno porque necesitaba escribir caminando como otra veces y la tinta no me dejó estampar bien mis ideas para contártelas.
Alameda con las Rejas hasta General Velásquez, este era mi paso, sonriendo de un día como hoy, de un día que termina en pocos lugares agradables a la sintonía que se logra cuando quieres escapar del mundo, recorriendo sus calles, casi ciego porque tu universo esta en otro sitio, uno más lejano y menos violento. Aquí afuera todos atropellan, todos, nadie mira a los ojos y pide disculpas por rozar tu espacio de libertad, todos viven así, más lento que el reloj y más rápido que la vida, dejándose abatir por la rutina, por la maldita urbe que hemos creado, y yo, sintiéndome arquitecto de una ciudad nocturna, de un Santiago nocturno para tus oídos.
Recordaba mientras paseaba, un momento de felicidad como pocos, de esos perdidos entre las personas, los espacios que pueden disfrutarse sin estar lejos como unas hermosas rosas rojas en la recepción de nuestro piso, perfumadas de su naturaleza muerta y desgastada, ornando un sitio frío y cambiando el aspecto seco de las paredes para resaltar su belleza, aun, cuando esta se agotará en muy poco tiempo, son rosas que me hacen recordar a cada instante el color de una pasión, mi pasión, rosas, que me provocan afinidades etéreas, volátiles y meditabundas.
He sentido la necesidad de describir en el camino y en voz alta esta sensación, una soñolienta instancia que predica la suspicacia de ansiar tus ojos a mis letras, de sentirlos recorrer las líneas imaginarias de una conciencia desgastada, de satirizar el sueño que se escapa, de acumular segundos y adelantar la vida muriendo más rápido, donde cambiamos todos y nuestro entorno en cada respiro, sin dejarnos ver por qué caminamos y qué nos mueve.
Se me agotan las palabras cuando tengo otra fijación, una más profunda que invade mi curiosidad, una más suave y delicada elocuencia, una constancia, un eco, un grito magullado en la distancia rebotando entre las paredes de esta selva de cemento, de pasto seco, árboles teñidos de amarillo y sus hojas caídas como cadáveres de muestra intoxicación, casi pateando nuestra esencia, ensuciando mis zapatos entre las hojas muertas, ensordeciendo mis oídos a los bocinazos y al aire caliente de las bestias colectivas que parecen una estampida de colores luchando por el espacio que otra deja, esperando las señales de nuestros reflejos condicionados. En este mundo de bestias hay que luchar por ser humano, en este mundo debemos agradecer a quien nos daña porque nos hace más fuertes, en este mundo, aprendemos a amar lo que no significa “amar”, nos enamoramos de los espacios, los recuerdos, la compañía, pero no de nosotros y hasta en eso somos egoístas porque no vemos como se caen las capas de nuestra piel, o como se apagan los ojos, nadie nota que los zapatos viejos han soportado nuestro peso y se desgastan en la forma que gastamos nuestro tiempo, estamos locos querida mía, porque no vemos, estamos locos, porque en realidad no vivimos, quisiera saber quisiera, ¿quién le hace justicia al tiempo que matamos?
-¡Nadie!-, porque yo también estoy sumergido en este mar urbano.
Amiga
Ahora que te conozco más, comparo mis emociones con las tuyas y encuentro la similitud, comparo las sensaciones y encuentro el mismo egoísmo, comparo los tiempos perdidos y encuentro la empatía que nos acompaña, siento que puedo contar contigo porque has demostrado que puedo hacerlo sin pedir nada, me he acercado a ti de muchas formas como ahora, he vivido instantes similares, casi con las mismas consecuencias y algo no me ha gustado, existe un dejo que me aleja de tus pasos y me obliga a despertar de este letargo. Por mucho quería estar cerca de ti para amparar mi callado paso observador en tu senda, para evitar sentir y vivir las mismas cosas de ayer y cobijarme en tus hombros porque no lograba entender la necesidad de encontrarte hasta con los ojos, poco a poco he descubierto que no puedo mirarte de frente, trato de evitarlo hasta cuando hablamos en los pasillos casi corriendo, nos evitamos en algún sentido y eso me agrada, casi tanto como acercarnos a perturbar esos silencios en breves chistes o preocupaciones temporales, somos niños, niños traviesos, perdona mis palabras por decirlo, pero aunque necesito de ti en muchos aspectos, a veces necesito respirar muy profundo y olvidarme de todo, pasa que estoy atormentado por mi reflejo y es ese mismo que no me deja ser el hombre que deberías conocer, hay demasiadas cosas que no sabes de mí y que a veces tengo miedo de contarte porque me hacen sufrir el relato, estoy triste y eso no lo notas porque no te he dejado verlo. En el camino de mi soledad obligada, sentirme útil hablando contigo, a veces suple esa necesidad corpórea de estar solo y me siento extraño, te quiero un kilo y lo sabes, tal vez no lo he demostrado mucho y no pierdo valentía en decirlo y expresarlo, eres una de las pocas personas que me puede sacar de ese meditabundo momento en la sobriedad del día y aunque este se encuentre apagado, sigo insistiendo en que me gusta mojar mi cabeza en la lluvia y sentir el frío del agua mojando mis pies, luego de eso, tomo una ducha caliente y me acuesto a mirar el techo de la pieza, sin música, sin libros, sin televisión, sin nada que perturbe mi momento de relajación, para dormir un poco cansado y despertar apurado, sintiendo que duró muy poco la pestañada, que la cama a veces acusa ese lado vacío que tanto duele, que no puedo mantener una relación porque no quiero hacerlo, pero tampoco quiero aventurarme mucho en otras cosas, siento que estoy perdiendo el tiempo y a veces me gusta hacerlo, siento que estoy loco y eso me agrede, tengo una lucha emocional bastante intensa, estoy torcido internamente y no puedo enderezarme, los dolores de cabeza son constantes, mis nervios han aumentado y lo entretenido de todo es que ni siquiera me veo estresado, parece ser que resulté mejor actor que comediante y mejor amigo que escritor.
Te comparto esto porque te comparto muchas cosas, una parte de mi se va en lo escrito y otra parte se queda en tus ojos, mi tiempo se agota y es una realidad, cada segundo es importante por eso siento tanto la vida que se nos arrebata sentados frente a un escritorio, quisiera volar querida amiga, quisiera volar, quisiera de una vez por todas llorar mi desdicha y renacer para no sentir tanta mierda emocional, ahora no quiero nada más que eso, no deseo mi muerte porque el alma no me pertenece, es tan prestada como estos ojos que miran y analizan todo, pero así, sin más ni más, me declaro incompetente ante la vida y sus costumbres, me declaro inocente de mis amores y un sátiro en mis palabras, a veces he muerto porque alguien así lo quiso, me morí y respiro en un tiempo olvidado, entre las hojas amarillas de mis escritos y los aromas que me trae el polvo del baúl donde yacía mi cuerpo, allí, donde una vez, en esa tierra, ese páramo oculto y seco de vida, esa eterna pesadilla que una vez te relaté, el lugar dónde buscaba a mi personaje y terminaba cavando mi tumba con los dedos, allí, donde mi parque de emociones se disparaba hacia el sol y volvía mojado en lágrimas y con los brazos extendidos hacia la Tierra, allí mi querida amiga he sido infinito, aquel único lugar donde en el tiempo una vez sentí a Dios cerca y pude contemplar la agudeza de mis visiones, allí mi querida amiga, pude apreciar por primera vez que no existía mi vida, más que en mi cabeza.
Definitivamente debo estar loco, y disfrazo mi locura en la de los demás, sigo actuando una rutina que nadie nota porque todos son actores secundarios de ella, donde el único papel importante es el tuyo, que te has convertido en escudo emocional y me mantienes a raya porque puedo reflejarme en ti. Espero que si comprendes mis palabras no me mires raro, porque no tiene nada de malo parodiarse por un rato para sacar los rollos internos a flote y ser libre por una hora al menos, mientras desarrollo este pedazo de tiempo en un escape literario, excepto por una cosa, que en realidad no nos parecemos y que sólo somos parte de una historia que como todas, terminará luego porque mi personaje partirá pronto. Te quiero amiga y eso no cambiará aunque pase el tiempo, pero tampoco puedo necesitar siempre de tu cercanía porque necesito crecer y madurar. Siempre serás la sacerdotisa del claro de luna de mis cuentos de caballería, la Eva encantada que me gusta oír cuando sonríe y saluda, siempre me gustarán tus ojos porque puedo ver mucho en ellos, me encanta tu poesía cuando puedo leerla y me encanta ser tu amigo porque eso te convierte en mi amiga, jamás había querido tanto a nadie en tan poco tiempo, jamás había necesitado decirle tantas cosas a una amiga como a ti, jamás me había sentido tan inmaduro y tan motivado y sabes, en realidad necesitaba de ti, que quisiera perder unos minutos conmigo, mientras buscaba la manera de decirte que escribí esto sólo para leértelo y aprovechar de aclarar que esta carta, no es más que la excusa para tenerte a mi lado y decir que en mi locura y tu perfección, te amo.
Te comparto esto porque te comparto muchas cosas, una parte de mi se va en lo escrito y otra parte se queda en tus ojos, mi tiempo se agota y es una realidad, cada segundo es importante por eso siento tanto la vida que se nos arrebata sentados frente a un escritorio, quisiera volar querida amiga, quisiera volar, quisiera de una vez por todas llorar mi desdicha y renacer para no sentir tanta mierda emocional, ahora no quiero nada más que eso, no deseo mi muerte porque el alma no me pertenece, es tan prestada como estos ojos que miran y analizan todo, pero así, sin más ni más, me declaro incompetente ante la vida y sus costumbres, me declaro inocente de mis amores y un sátiro en mis palabras, a veces he muerto porque alguien así lo quiso, me morí y respiro en un tiempo olvidado, entre las hojas amarillas de mis escritos y los aromas que me trae el polvo del baúl donde yacía mi cuerpo, allí, donde una vez, en esa tierra, ese páramo oculto y seco de vida, esa eterna pesadilla que una vez te relaté, el lugar dónde buscaba a mi personaje y terminaba cavando mi tumba con los dedos, allí, donde mi parque de emociones se disparaba hacia el sol y volvía mojado en lágrimas y con los brazos extendidos hacia la Tierra, allí mi querida amiga he sido infinito, aquel único lugar donde en el tiempo una vez sentí a Dios cerca y pude contemplar la agudeza de mis visiones, allí mi querida amiga, pude apreciar por primera vez que no existía mi vida, más que en mi cabeza.
Definitivamente debo estar loco, y disfrazo mi locura en la de los demás, sigo actuando una rutina que nadie nota porque todos son actores secundarios de ella, donde el único papel importante es el tuyo, que te has convertido en escudo emocional y me mantienes a raya porque puedo reflejarme en ti. Espero que si comprendes mis palabras no me mires raro, porque no tiene nada de malo parodiarse por un rato para sacar los rollos internos a flote y ser libre por una hora al menos, mientras desarrollo este pedazo de tiempo en un escape literario, excepto por una cosa, que en realidad no nos parecemos y que sólo somos parte de una historia que como todas, terminará luego porque mi personaje partirá pronto. Te quiero amiga y eso no cambiará aunque pase el tiempo, pero tampoco puedo necesitar siempre de tu cercanía porque necesito crecer y madurar. Siempre serás la sacerdotisa del claro de luna de mis cuentos de caballería, la Eva encantada que me gusta oír cuando sonríe y saluda, siempre me gustarán tus ojos porque puedo ver mucho en ellos, me encanta tu poesía cuando puedo leerla y me encanta ser tu amigo porque eso te convierte en mi amiga, jamás había querido tanto a nadie en tan poco tiempo, jamás había necesitado decirle tantas cosas a una amiga como a ti, jamás me había sentido tan inmaduro y tan motivado y sabes, en realidad necesitaba de ti, que quisiera perder unos minutos conmigo, mientras buscaba la manera de decirte que escribí esto sólo para leértelo y aprovechar de aclarar que esta carta, no es más que la excusa para tenerte a mi lado y decir que en mi locura y tu perfección, te amo.
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