El humo del cigarrillo impregnaba mi rostro, acompañado del eco nocturno del taco de mis botas por las calles desoladas, imágenes paganas y el recuerdo de una conversación trascendente inundaban mi cabeza.
Llegué muy tarde esa noche, la atmosfera estaba rodeada por un silencio consumidor, casi silente. Me lancé sobre el sillón para relajar la espalda y encender otro cigarrillo, subí los pies, me quité las botas, presioné el control remoto del televisor casualmente con el codo y se encendió en nada, miré el reloj que marcaba pasado las 4 de la madrugada, el cigarro encendido entre mis dedos se consumía, mientras hacía argollas con el humo.
Pasado media hora me quedé dormido profundamente, casi inmóvil, desperté sobresaltado por un movimiento brusco, el televisor seguía encendido y me permitió visualizar una silueta cruzando entre el y yo, mi espanto fue superior, me habló, me llamó por mi nombre y me dijo “Carlos, anda a acostarte”.
Desde aquella vez, ya no me duermo en el sillón cuando llego tarde...
Llegué muy tarde esa noche, la atmosfera estaba rodeada por un silencio consumidor, casi silente. Me lancé sobre el sillón para relajar la espalda y encender otro cigarrillo, subí los pies, me quité las botas, presioné el control remoto del televisor casualmente con el codo y se encendió en nada, miré el reloj que marcaba pasado las 4 de la madrugada, el cigarro encendido entre mis dedos se consumía, mientras hacía argollas con el humo.
Pasado media hora me quedé dormido profundamente, casi inmóvil, desperté sobresaltado por un movimiento brusco, el televisor seguía encendido y me permitió visualizar una silueta cruzando entre el y yo, mi espanto fue superior, me habló, me llamó por mi nombre y me dijo “Carlos, anda a acostarte”.
Desde aquella vez, ya no me duermo en el sillón cuando llego tarde...
1 comentario:
Tal vez deberías escuchar las otras cosas que te tiene que decir...
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