... para encuentros clandestinos.
Tarde unos minutos y ella aún me esperaba en la estación, el encuentro no era casual, habíamos quedado cerca de las 7 y yo llevaba casi 30 de apuro, dos llamadas, la espera, el taco, en fin…
Nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, un leve aumento de mis latidos al mirarla, ella, de una tibieza pálida contemplaba mis excusas y tomaba mis manos para calentarlas.
La idea de ir al café no era mala, pero muy corta, quería tenerla conmigo y el tiempo corría, bajamos a la estación y nos fuimos al Barrio Bellavista, por allí anduvimos caminando y recorriendo sus calles y su bohemia unos minutos sin decisión, hasta que entramos al Patio Bellavista. Este era nuestro sitio, encontramos un ambiente acogedor, poca gente, muy selectiva, buena atención y lo mejor, teníamos ese grado de privacidad que quieres cuando estás conociendo y maravillándote de ella, todo estaba preciso, la música de fondo, el clima ideal para compartir una mesa en la terraza de uno de sus bares a pesar de encontrarnos en invierno, pero bueno…
Allí nos decidimos por una mesa, íbamos directo a ella cuando la veo saludar, me imaginé que era alguien diferente, tal vez alguien de la Universidad o algún amigo de la casa, pero no un compañero de trabajo conocido por ambos. Queríamos que nuestro encuentro fue discreto, casi clandestino, queríamos sentirnos ajenos al mundo aunque hubiera gente de por medio, compartir un espacio, reírnos, salir de la rutina, pero no fue así, por unos minutos no hicimos más que hablar de cambiar de lugar, ir a otro sitio y olvidarnos de la casual coincidencia, él se estaba acompañado de otro colega y bebían, nosotros ya habíamos ordenado y nos trajeron el pedido…
Después de cambiar el tema de conversación y a veces retomarlo, nos decidimos por irnos, ellos se cambiaron de lugar, un poco más alejado, querían la misma privacidad, nosotros pedimos la cuenta y nos largamos, nos despedimos de él y "nadie encontró a nadie", ese fue el acuerdo y nos marchamos, caminamos otro poco, nos reímos y aunque estábamos compenetrados, no podíamos evitar reírnos del encuentro.
Visitamos otro lugar, bebimos algo, vimos unos videos, nos reímos otro poco y fui a dejarla, no quería que se fuera sola, yo quería acompañarla, ella no se negó, me encanta, es una mujer espléndida, con pequeñas o muchas diferencias por descubrir pero hay que darle curso, mientras tanto nos dedicamos a pasar el tiempo luego yo de mis cosas y ella de su oficina, a veces nos juntamos, a veces hablamos por teléfono o nos mandamos correos, pero es así, compartimos muchas cosas antes de los Viernes de Fútbol entre sus colegas y yo. Al llegar a su casa, nos despedimos, abrazos, besos y ¡que llegues bien!.
-Gracias por acompañarme.
-No- Gracias a ti por invitarme. Otras pequeñas risas y que descanses, camino a mi casa no podía evitar pensar en la mujer que no tenía nada que ver en esta historia, que estaba ebria y daba mucho jugo, nada que ver aquí, en estas líneas pero apareció, tal y cual ayer en varias ocasiones, incluso al irnos y aunque no se cómo terminaría su historia, si se como comienza la mía.
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