Querías que te escribiera algo, aún no se porque lo pides, pero me agrada que lo solicites, sin creer que esto llevará a algo más allá, te lo concedo, porque me agrada escribir, porque me agrada calentar los dedos en el teclado y mi cabeza a navegar entre un mar de palabras, compartir algunos espacios, como los que muchas veces compartimos por pantallas.
Han pasado unas cuantas horas desde que hablamos por última vez, desde que te conectaste y saludaste, desde ese momento me quedé analizando cosas, mirando detalles y pensando.
Quería empezar por algo distinto, mi fuerte no es escribir cartas, historias a veces, pero me determiné a hacerlo, tal vez pensando que podría agradarte, tal vez insinuando a quitarte unos minutos en la oficina y llenes tus ojos de unas cuantas letras que te pertenecen, aunque no sólo por eso, uno se embarga de emociones y las volatiliza cuando irradia felicidad, cuando se siente entusiasmado o simplemente, cuando te agrada lo que llega a tus manos, que puede ser en un contexto, una noticia, un gesto, o simplemente algo que no esperabas como esto.
Me decidí a enviarte esta carta porque considero en mi filosofada vida, que no existe un arma tan poderosa como una idea cuyo momento ha llegado, cuando su grandeza es producto de la urgencia, y para mí, la urgencia es que puedas leerme, como a veces te leo, cuando apareces en las líneas de la prosa de algún escritor y te sales de mis libros, como en aquellas ocasiones en que me quedo dormido con uno de ellos en las manos, por lo mismo insisto que tu petición ha sido una fuente de inspiración, como en las que a veces uno reacciona simplemente al echo de querer manifestarlo y por eso me tienes aquí, con un cigarrillo consumiéndose en el frío y una taza de te calentando mis manos, como cuando quiero cortar tus silencios con una mirada sin la ignominia de sentirme ajeno, pero a veces la ocasión me sobrepasa por cuestiones de amplitud y no puedo soltar la palabras necesarias para expresarme, sólo admito que quiero abrazar tu naturaleza sin romper la armonía que hemos creado, porque me agradas bastante, me gusta como callas y me gusta como observas, me agrada la forma en que gesticulas con los ojos cuando quieres decir algo, como tus pupilas se quedan estáticas esperando una afirmación, o simplemente esperando ser comprendida.
Por favor no creas que trato de llenar tu cabeza de ideas, simplemente piensa que me comunico sutilmente por el lenguaje más hermoso que existe, el de las palabras, el de las dedicadas a la imprudencia de sentirlas sin ser siquiera producto de la reciprocidad y de los vapores que se cruzan ahora por mi pantalla, cuando respiro y veo empañados los vestigios de frases que se impregnan aladas en este documento, pero así es, así escribe un hombre que tiene la posibilidad de motivarse sin decir mucho más de lo que deseas saber, que llevo más de algunos minutos pensando y poniéndote frente a mí para decirte esto y pensando que puedes hacer de cuenta que estoy frente a ti, como yo ahora y te comparto, un momento dedicado al romanticismo que existe en las cosas que nos gusta hacer como personas, como contar la historia de dos almas que se encuentran en el silencio o de las cosas que en poco tiempo pudimos congeniar, de las que nos contamos, del famoso abrazo que nos prometimos, aquél que, aunque lo anhelaba lo temía, porque temía temblar como un chico al sentir tus brazos rodeándome como en aquella fría ocasión, pero nada más quería hablar más cerca de tu alma y tal vez citar algo de mi poesía a tus oídos, para sentir de cerca y con los ojos enmudecidos el sonido una sonrisa cortar el aire, esa sonrisa de la que me hice adicto, o tal vez ver en tus ojos los suspiros ahogados en tus brazos de niña semi estirados, el arco de tu espalda torneado en el escritorio y los codos apoyados, leyendo este cuento de hadas con tu cabellera cubriendo tus gestos y delicados movimientos y siempre robándome mis propias palabras.
Aquel sábado en algún sentido te adoré en silencio, mirando y buscando detalles, buscando encontrar una mirada errante, una mirada cómplice. Por momentos, no quise indagar más allá de lo permitido porque no quería decir más de lo que ya había entre ese espacio enorme que nos separaba estando tan cerca, quise que fuéramos cómplices y lejanos, pero fuimos extraños y luego casi amigos, tantas metamorfosis para seguir siendo los mismos, para sufrir de una pestañada, un suspiro atolondrado por los minutos vagabundos que volaban entre nosotros, para terminar como empezamos y comenzar a escribir el nuevo capítulo de esta hazaña.
Voy por otro cigarrillo mientras analizo imprimir esta carta que en algún sentido dice mucho o tal vez poco, dependiendo de lo esperado o de lo inesperado, pero es así, este es el mundo en mis ojos, mi burbuja errante de emociones y aunque mis dedos vuelan por dibujar letras, en mis ojos se cuelan sentidos casi tácitos, pero vuelvo, vuelvo a lo que me rodea de momento y aletargadamente filtro las emociones que me embriagan frente a esto, frente a este trozo de alocadas palabras que podrían gozar de incomprensión y de ideas enrolladas, porque vuelvo recordar que no debo sobrepasar lo que un comienzo fue una petición de escribirte, pero así soy y al mismo tiempo, a veces dejo de ser.
Tan sólo por conocernos..., simplemente.
Carlos Remedy V.
domingo, 28 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
nada mejor que las palabras para expresarlo todo... y mejor cuando se adueñan de ti y te envuelven para hacer llegar los sentimientos y tu mundo entero a alguien más...
una vez leí por ahí...
"Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho"...
a veces a mi me pasa con todos los escritos...
pero es ahi en donde reside la magia de escribir, no??
es un honor para mi apoyar estas nobles publicaciones de tus escritos que tanto me gustan leer...
kss
Publicar un comentario