lunes, 30 de marzo de 2009

Una copa de vino en el parque…

Había escrito unas cuantas cosas antes de llegar a esto y la verdad para mí, es que no me atrevía a bombardear el teclado con palabras sin sentido, porque en el fondo quiero escribirte.

Suponía que tal vez no llegarías, aunque la verdad te esperaría un par de horas antes de irme, quería verte, muy adentro lo necesitaba y no me preguntes por qué, no tengo una respuesta mayor a ese cuestionamiento, simplemente sabía que sería nuestra tarde.

Las cosas han cambiado desde que apareciste nuevamente, me agrada pensar en ti, o las mínimas conversaciones que tenemos durante la semana en las que a veces nos mofamos de nuestra aletargada existencia, pero más que esto, me agrada pensar que te siento cerca. Es un echo que me gustas, me he otorgado esa licencia en decírtelo sin tu consentimiento pero si, me gustas y la verdad, me satisface más enunciártelo que esconderlo, porque se que te has dado cuenta de ello y aunque no te pronuncies al tema, me doy por satisfecho de mostrarlo.

La tarde transcurrió en un sinnúmero de cosas, la breve caminata al museo, la importancia de nuestros pareceres y las correspondientes bromas aladas, que en algún momento le dieron esa perspectiva graciosa a mi fascinación de mirarte animada explicándome y contándome sobre las historias que tus viajes y tus vivencias, aunque a veces sucede que uno se concentra tanto en algo o alguien que es inevitable prestar la atención adecuada a lo demás, eso me sucedió, pero estaba prendido observándote, a veces oyéndote y otras opinando, pero siempre ahí, contigo con ganas de abrazarte en ocasiones y en otras tantas reírme a carcajadas por los desenlaces, aunque muy en el fondo a veces sentía que quería acurrucarme contigo y dormirme un par de minutos abrazado a tu espalda y disfrutar de nuestro silencio.

Creo que ayer nuestras copas se cruzaron dos veces y al brindar simplemente por la vida, yo brindaba por encontrarte otra vez. Quise regalarte un millón de cosas más que una botella de vino y una ensalada de frutas “sin ciruelas”, ja ja ja, tal vez seguir inventando excusas para verte, el deporte, el trabajo o que se yo, hacer realidad esas invitaciones postergadas por cuestiones de ambos pero que le dan sabor a nuevos encuentros, esas cosas que por no hablarlas en otro momento alargaron la cita y el atardecer que oscureció nuestras siluetas sobre una manta, en ese parque etílico, tus historias, las mías, el entorno, el aroma de tu piel cuando el viento se asomaba detrás de ti o como brevemente agitaba tus cabellos con la misma gracia en que regalas una sonrisa, pero de esa forma, allí, tus ojos, tus manos, tú, toda tu, eras lo que más admiraba y sólo dije que eras linda, tal vez un poco inusual de mi parte compartirle tantas palabras al mundo, a sus gentes y tan pocas o tan atravesadas para poder decírtelas, pero es así, de esta manera me perdí en un teclado ahora tratando de animarme a contarte en mi manera de ver las cosas, nuestra tarde y que podría haber durado mucho más, pero lo entretenido que de ver las cosas con los ojos de un niño a veces, es que puedes verlas con ojos inmensos y sin que se escape la vida en ello, aprendes a no querer todo inmediato y mirar más allá, sabiendo que no será el último atardecer que disfrutarás de esa manera, para mí también fue nuevo, compartir un Domingo así y el abrazo de despedida siempre genial de nuestros encuentros. Un día de estos, será más que una tarde y un abrazo, créelo, yo también quiero creer lo mismo que tú…

1 comentario:

KePaNuK dijo...

hola, pasaba a saludarte, espero que esté mejor de salud, es una lata andar mal, sobre todo con lo que corres tu por la vida,
estuve dandole retoques a mi blog...
cariños,
Cris