jueves, 1 de octubre de 2009

Sabes que es para tí...

A veces, al pasar el día pienso en como vender mi alma para pasar más tiempo juntos…, dudo que pueda hacerlo, pero me encantaría intentarlo. Simplemente de pensarte me he dado cuenta de que me gustas bastante, quisiera sentir que soy correspondido, y aunque no lo se con certeza, prefiero terminar en la duda. Puede ser y para mí es lógico, que no comprendas mis palabras, ya habrá tiempo para enseñarte mi lenguaje, siempre y cuando quieras aprenderlo. Para lo demás sólo quiero pasar unas horas en silencio, para dedicar minutos a gastarlos sobre ti, a tener mis manos en tus caderas y mi boca en tu cuello, para morder la ideología de tus ojos perdidos mientras nos besamos. Me dijiste que querías amor, en realidad no se lo que estás buscando y no se que quieres de mi, pero aunque por esta vez sigo teniendo mil preguntas, me quedaré con el silencio de tu mirada, aunque me queme por entenderte.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Presencia

Una buena noche ella y yo nos perdimos por los campos traviesos del amanecer, hasta ese momento, gobernaba mi astucia y soberanía, más no concedía poder sobre mi alguno. Desde aquella mañana, ya no soy más que un despojo de piel porque se quedó con todo mi ser, sólo le bastó una noche para dejarme seco por dentro y dolorido por fuera, sólo me bastó dejarla pasar para que se llevara mi pasión y mi deseo.

Ayer por la tarde paseaba tranquilo por las calles circundantes al entorno del que ella me prendó, casi pude apreciar el aroma de su cuerpo a 100 metros de distancia, casi...

Al verla sentí la necesidad nausebunda de apoyarme en un árbol y respirar tranquilamente, me sentí asqueado del tropieso y casi olerla, caminé rápidamente en dirección contraria, caminé muchos pasos, sólo me detuve cuando los pies me quemaban y ya no sabía dónde me encontraba, la vida da vueltas me decía a mi mismo, pensando que tal vez, en algún momento la sabría pagar mi desdicha y aunque no lo deseaba de corazón, mi pensamiento estaba en eso. Pasaron los días y recibí un llamado anónimo, era ella, quería concertar una reunión por medio de una amiga, no se atrevía a llamarme directamente, me negué al comienzo, pero al final accedí, a su amiga le dije que iría por curiosidad, porque en realidad no quería saber de ella y en realidad es cierto, salvo por sentirme satisfecho de verla como yo. Al otro día, la vi echa un despojo parecido a mí, cansada de llorar, cansada de mentir, cansada de ella misma, sus ojos hinchados y cara de despedida me lo anunciaban, se iría, tal vez para siempre pero dependía de mí. Hablamos largas horas bajo una estátua en la estación, al final me pidió perdón por el castigo de sus pasos por mi vida, asentí con la cabeza sobrecogido por su relato, la perdoné de veras, la perdoné, pero la dejé llorardo en la estación, no podía más con su carga, apenas con la mía me dolía la espalda y no quise seguir escuchando. Ló último que supe fue que la encotraron boca arriba a la orilla del río Mapocho, con su cuerpo hinchado por el agua, un brazo fracturado, y los ojos perdidos. Se había intoxicado con somniferos y se lanzó, esa fue la noticia que leí en el diario, esa fue la noticia que me marcó.

Desde aquella vez, desde aquella maldita vez que la veo en la misma calle, con un brazo al revés, caminando media torcida y sus ojos dilatados, desde aquella vez que siento el aroma de su cuerpo y cuando la veo vomito. De una vez por todas quisiera que descanse, porque yo no puedo seguir encontrándola, no puedo seguir fingiendo que no la veo, no puedo seguir sintiendo que no debí dejarla sola, aunque ella me había cambiado por su amiga.

lunes, 17 de agosto de 2009

Una semana después...

Me he estado acomodando a todos los cambios recientes de mi vida, a las cosas que me ayudan a dividir mis emociones separando todo de todo, puede ser que en mi vida desordenada haya guardado mis recuerdos como tal, desordenadamente, además de recordar con más frecuencia como despertaba que con quien había dormido. Pasé varios minutos caminando por la casa, pensando en los detalles que se escapan y que luego se unen formando episodios, en los que mayormente no estamos presentes y que asimilamos cronológicamente, sucesos que comúnmente llamamos celos, pensaba en esto, cuando ofuscado, con odio y deseos de venganza, me sentí obligado a redimirme, pensaba que la muerte en estos casos es la mejor solución, la pregunta que restaba hacerme era la muerte de quién. Podría ser que en un arrebato la buscara y me suicidara delante de ella, o tal vez esperara a su marido un día después del trabajo y lo atacara ferozmente, pero en ningún caso sería en su contra, además, desconocía la ocupación de este y hasta allí eran frenados mis pensamientos, los mismos que al enfrentarse a mis principios cristianos, me impiden quitarme la vida o a otro ser humano, no se puede matar, no se debe, no se puede jugar a ser juez ni Dios, terminé preguntándome, por qué habría de vengarme. Más tarde, a la hora del almuerzo, fui a la cocina y saqué los ricos spaghetti con albóndigas en salsa putanezca del refrigerador, receta especial de la familia de Claudia de orígenes italianos y que habían quedado de la noche anterior en la cena con ella, los calenté a fuego lento y mientras los observaba, otra vez sentí ese exquisito aroma de pasta italiana que se huele en los restaurantes de ese tipo, mientras el rico aroma de las especias se apoderaba de la cocina, mi cabeza otra vez se inundó de oscuros pensamientos, pero ya con otra significancia, ahora venían acompañados de una elocuente llamada de atención, debía asesinarla en efecto y dentro de todo este era mi nuevo plan, pero debía hacerlo dentro de mí, sacarla de mis entrañas para no sentir esos espasmos que tanto me duelen y me contraen el estómago cuando la recuerdo.

Todo cambió otra vez, Claudia después de mi alta médica, no ha parado de visitarme, ha pasado una semana y aunque me siento del todo bien, me sigue cuidando, siempre está preocupada, por eso empecé a echar de menos su llamada diaria, miré el reloj del muro en la cocina y noté que el teléfono no ha sonado en toda la mañana, excepto, por mi madre pero no quise contestarle, me inquietó mucha la ausencia de su voz, me acostumbré mucho a sus cuidados y en lo empecinada que es para hacer todo, siempre me llama a la misma hora, entre el cambio de aulas, el café y el cigarrillo y más tarde, antes de salir, no me pregunta si puede venir, sólo me avisa que vendrá, se tomó el rol de enfermera demasiado enserio y eso me agrada.Ella fuma, no mucho pero lo hace, puede notarse su presencia por el aroma de su tabaco y ese rico perfume que usa y que todavía no me determino a preguntar cuál es, me concentré tanto en ella, que se me quemó la comida y tuve que botar todo y lavar la olla para que no se diera cuenta si llegaba y me preguntaba si había almorzado. Pensé en salir a comprar algo, pero la idea de perderme su llamada tal vez tardía por el trabajo y otras cosas, se encerró en mi cabeza y no salí en todo el día. Pasaban las horas y esperaba, no sabía qué, pero lo hacía, algo me estaba pasando con ella, algo de pronto me trajo otra vez su sonrisa, me la imaginaba sonriendo entre los alumnos caminando con otros profesores, discutiendo la cátedra de algún tópico inherente a su trabajo, le fascina conversar de ello, yo, sin mucho que opinar, me dedico a escuchar como se apasiona en sus conversaciones y en como sonríe, jamás me había fijado tanto en la forma de sus labios y de cómo se pronuncian cuando emite algunas palabras en particular, me encanta cuando utiliza un diminutivo para mi nombre, me llama Mauro a secas y su boca vuelve a dilatar una sonrisa, me causa gracia y aunque no retroalimento mucha su búsqueda de hacerme sonreír, admiro su tenacidad y a veces cedo. Mientras pensaba en su estilizada y delgada silueta, con esos anteojos que le dan un toque mucho más que intelectual, su cabellera rizada y los libros que siempre la acompañan, recordaba sus ojos de cristal, tiene ojos claros, creo que pardos, pero su mirada es mágica, parece que puedes ver lo que está pensando, me pareció escuchar de nuevo los comentarios del doctor acerca de las pláticas de las enfermeras de la clínica, todo estaba perfectamente detallado.

Claudia se me está metiendo en los ojos de una manera especial, me pregunté a veces, cómo una mujer tan espléndida no tiene un novio o en otro caso, un marido, pero también pensaba que el tiempo que le dedica a su profesión no le deja vida privada, trabaja hasta en la casa después de cocinar y la cena, y aunque respeto ese espacio en la noche, procuro abrir la boca sólo para los detalles típicos. - ¡esta rico!, le digo, tomo la botella de vino y le sirvo una copa, luego vuelvo a sentarme, me mira, sonríe y me dice, ¡parece que te gustó!, pero eso no te quita la obligación de lavar los platos, aunque primero deberás prepararme ese rico café que haces. A veces sin más nada, la veía quedarse dormida en el sillón del living mientras yo recogía los platos, siempre le llevaba el café y luego lavaba la loza de la cena para que se relajara mientras corregía algunas pruebas y aunque el sueño no le impedía terminárselo, se rendía después de beber un poco, por lo demás, terminaba mis cosas, tomaba la botella, una copa y me sentaba a su lado y la miraba dormir, bebía mientras admiraba su sueño, en ocasiones la oí roncar y era gracioso, siempre despertaba y me decía, ¿no oíste eso verdad?, yo respondía que no, para evitarle bochorno, pero no me importaba, al contrario, la entendía perfectamente, en otras oportunidades, la tapaba con una manta y me dormía junto a ella, me hacía sentir confortablemente bien, pero despertaba sobresaltado siempre como a las 4 de la mañana cuando la oía irse, siempre hacía lo mismo, siempre, tenía un reloj muy agudo para el hora, hacía parecer que el suyo era un simple adorno, porque administra muy bien su tiempo de eso no cabe duda, tal vez por eso me extraña que no haya llamado y sin más ni más, me doy cuenta que la extraño.Creo que voy a hacer un hoyo en el piso, pronto serán las nueve y llegará la hora de la cena, me quedé sin almuerzo, tengo hambre y me he dado como mil vueltas en la casa esperándola, mejor lo hago con algo rico y preparado por mi, pienso que le gustará. Siempre llega a mi casa a eso de las 10:30, así que, saqué un viejo libro de recetas de alta cocina, busqué los ingredientes y comencé a preparar algo rápido, ligero y que tal vez le guste, panqués de pollo con crema y espinacas y una ensalada surtida a la vinagreta me pareció ideal, por el postre no me preocupé. Ya son las 09:40, me grita el reloj, como diciendo apúrate y entonces preparo el ambiente, saqué un mantel blanco bordado a mano por mi abuela y que mi mamá me regalo para la navidad anterior, es muy hermoso, las velas y los candelabros estaban perfectamente simétricos con los cubiertos y las copas, abrí un buen Chardonnay Casa La Postolle cosecha del 99, que tenía para alguna ocasión especial, sobre la mesa de centro del living, había dejado una tabla con quesitos salteados en aceite de oliva y orégano envueltos en jamón ahumado, unas aceitunas rellenas y lo mejor, de fondo el ambiente se complementaba con “Riviera Paradise” de Steve Ray Vaughan. Me encantó la idea de atenderla, estaba todo espléndido, salvo por un detalle, ya eran las 10: 20, me fui a duchar y afeitarme, tenía el olor de la crema impregnado en el cuerpo, saque mi mejor traje del closet, me vestí, usé el perfume que me dio en la clínica y la esperé, quería sorprenderla, no sabía por qué me empecinaba tanto en la sorpresa, pero quería hacerla sentir como ella a mí, retribución, pensaba, sin ninguna idea más, sólo una buena velada para olvidar el típico día viernes. Cerca de las 11:00 encendí las velas y apagué las luces, dejé mi estéreo en pausa para tocar a Vaughan con su mítico cover de Hendrix, Little Wind en cuanto ella se asomara en la puerta, también tenía velas encendidas en el living, la verdad había velas por todos lados y un fragante resultado de mi perfume mezclado con el aroma impregnado de su tabaco en el sillón que rodeo el entorno. Tocó a mi puerta a las 11:00 justas, se había atrasado, tuvo mucho trabajo supongo, solté la pausa del estéreo y mi amigo Steve hizo lo suyo, me miró sobrecogida cuando abrí la puerta, tomé su abrigo y sus libros porque era una noche fresca de verano, al entrar miró todo y me preguntó si estaba esperando a Mariela, al escucharla, cerré los ojos, me acerqué y sellé sus labios con mis dedos, le besé la frente, ofrecí mi brazo hasta el living y ella me miraba callada y se dejaba llevar, le pedí que se sentara, mientras tomé la botella y serví las copas de vino, me senté junto a ella, no me despegaba la vista, pensé que le había gustado la sorpresa, podía sentir su mirada mientras seguía atendiéndola, bebió un poco y dejó la copa, se percató del picadillo preparado y sonrío, estás esperando a otra persona sin duda, -me dijo- ¿si quieres puedo irme ahora?, igual me siento un poco cansada y… creí notar un grado de decepción en su mirada, mientras seguía hablando del trabajo y otras cosas, como si esperara que le dijera que sí, pero tomé su mano, me acerqué un poco y le dije, -lo hice para ti-, te extrañé mucho hoy, no llamaste, me preocupé, como pasaba la hora y hoy es un día especial, decidí prepararte esta sorpresa, pero si te sientes incómoda dímelo y lo dejamos para otra ocasión, sus ojos se sobresaltaron mucho, se puso nerviosa, tomó nuevamente la copa bebió otro poco se acercó peligrosamente y me besó la mejilla.

¡Gracias! –Me dijo- eres muy lindo, sonrío de nuevo y yo me pasmé, no supe que decir, la sentí demasiado cerca, demasiado para lo habitual entre nosotros, fue entonces que tomé la tabla y mientras le ofrecía un bocadillo, me preguntó, qué celebrábamos.A ti, -le respondí-. Otra vez me miró con sus ojos transparentes y me hizo otra pregunta, Y… ¿el servicio es completo?.¿Cómo? -le respondí- con un leve tono de coquetería. ¿Viene con cena incluida o saldremos a alguna parte?. ¡Sí!, - respondí-, el Chef aguarda el momento preciso para servirnos, pero la cena es en casa, tal vez vayamos más tarde a algún lugar que te agrade si mi comida no te gusta.¿Has cocinado?, ¡qué genial!, me dijo sin reparos, y , ¿a qué hora comemos?, eso depende de ti, -le respondí-, entonces disfrutemos la velada me dijo, pero antes quiero pedirte un favor, dame unos minutos, voy a la casa y vuelvo enseguida, no hay problema dije, te espero aquí mismo, se fue rápidamente y volvió como a la media hora, traía puesto un bello vestido de noche, el cabello tomado, su rico perfume y sus labios levemente delineados, se veía espléndida, mágica, sin duda es hermosa, ahora yo me sorprendí.¿Te gusta? –Me preguntó-, estás estupenda le dije. Te traje algo para la ocasión y creo que te gustará más, ¡qué cosa habría de gustarme más que tu compañía!, -me decía a mi mismo-, ¡tómalo!, -me dijo- y me entregó un cd compilado de la música que disfruta en su casa cuando tiene tiempo, ¿no te gustó Vaughan?, -le pregunté-, no es eso me dijo, pero ya que es una noche de comienzos, porque no bailar un poco, ponlo en la pista 7 y luego te acercas, el cd empezó a tocar a Eric Clapton, Old Love para ser más exacto, le tomé las manos y las apoyé sobre mis hombros, me miró directamente a los ojos, tomé su cintura y con una mano recorrí se espalda hasta casi el cuello, comenzamos a bailar, ella apoyo su cabeza en mi pecho y yo mi nariz en sus cabellos, bailamos a ojos cerrados toda la canción, casi al final sentí deslizar sus manos hacia mi espalda y levantó la cabeza, nuestras bocas casi se rozaban, podía sentir su aliento frente a mí, abrí los ojos y me dejé arrastrar por el momento, entrelacé mis dedos entre su espalda y cintura, la acerqué un poco más y al hacerlo, sus labios se pegaron a los míos y me besó, la levanté muy suavemente y se abrazó de mi cuello, sus pies se suspendieron en el aire un momento, luego de eso, la solté muy despacio, deslizando su cuerpo sobre el mío, la sentí muy cálida, entregada, seducida, yo también me sentí así. La noche comenzaba para nosotros y la cena esperaba, dejamos de besarnos, nos miramos y sonreímos, ¿quieres cenar ya?, -le pregunté-, me respondió que si un poco sonrojada y sobrecogida, pasemos al comedor, -le dije- y tomé el vino, las copas los dejé sobre la mesa otra vez, tomé su silla, la acomodé y fui a la cocina por las cosas que tenía en el horno, en ese instante sonó el teléfono, pero como estaba ocupado preparando las cosas y la música sólo cambiaba de pistas, no pude oírlo, cuando llegué al comedor con la cena en una bandeja y lista para servir, noté que Claudia no estaba allí, dejé las cosas sobre la mesa y me dirigí al living, allí la encontré, con su abrigo puesto, una copa de vino en la mano y un cigarrillo encendido, esperándome para despedirse, ¿qué pasó?, -le pregunté- ¿te he molestado en algo?, ¿a dónde vas?, son muchas preguntas -me dijo- muy sutilmente, mejor escucha la contestadora, hay un mensaje grabado recientemente, no quise contestarlo cuando sonó -me dijo-, ¡sólo óyelo!. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando me dijo eso, debes hacerlo ahora –me increpó-, así que, le hice un ademán de comprensión y escuché el mensaje. La grabadora comenzó a sonar y reconocí de inmediato la voz, era Mariela, el mensaje decía; Mauricio, tengo que hablarte ahora, estoy sola, voy a tu casa, llegaré en media hora más, pero si no estás, te llamaré al celular y esperaré estacionada frente a tu casa.Quedé pasmado, no sabía que decir, mire a Claudia que volvió a sonreír y lo único que me dijo fue, "me guardas un poco de la cena y se marchó", me quedé 5 minutos pensando, muchos pensamientos vagos pasaban ante mis ojos, pero contuve mis impulsos y salí en su búsqueda, al abrir la puerta estaba allí, llorando, me miró, me pidió disculpas por no haberse quedado fuera de la casa aunque no quería hacerlo, solo me pedía, disculpas. Tomé sus manos y la hice entrar en la casa de nuevo, pero esta vez, cerré la puerta con llave, esta noche te quedas le dije, me miró, sequé sus lágrimas y le propuse algo más interesante. No te preocupes -le dije-, esta noche es para ti, apagué las velas y me llevé los candelabros al patio, tiré una manta sobre el pasto, le pedí que no se quitara el abrigo y llevé la cena, comimos allí, sobre el pasto, entre velas y las estrellas, no hablamos de Mariela, sólo oímos cuando el auto se estacionó fuera de la casa, pero nos hicimos los sordos. En otro momento, hubiera querido salir para verla, pero me contuve y procuré no hacerlo notar, Claudia por mucho rato no pronunció palabra, sólo me dijo, ¡está rico! y sonrío, luego de eso y como de costumbre me pidió café, lo preparé y busqué la manera de olvidarnos de todo, entre a la casa con las luces apagadas, trataba de no emitir sonidos y a tientas encontraba las cosas, para no despertar sospechas, así que, estuvimos alrededor de 3 ó 4 horas conversando en el patio, el ambiente se puso un poco más helado, me acerqué y la abracé, ella se arrulló en mis brazos y me pidió que no la soltara, me dijo que le gustaba mucho, pero que no quería amarrarme, sabía de mi sentir hacia Mariela y que tal vez hacía esto por compromiso, que de igual forma me lo agradecía, aunque se sentía intrusa. Sólo me quedaba una cosa por hacer y lo hice en el momento preciso, le dije que me importaba mucho, que la extrañaba cuando no estaba, que la casa la llamaba, que su aroma rondaba por todos lados, que sus cuidados y atenciones cobijaban mis espacios de soledad, que me encanta tenerla cerca y me interrumpió con un beso, pero no me quieres –me dijo-, con sus labios pegados a mi boca, yo callé, por primera vez una mujer logra silenciarme de esa forma, por eso no quiero seguir con esto me dijo, yo si te quiero, muchas veces te vi llegar tarde por la venta de mi casa, sabía la vida solitaria que llevabas, a veces, te oí llegar riéndote y acompañado, otras veces me topé con alguna de tus conquistas que salía de esta acá en la mañana cuando me iba a trabajar, al principio sólo me gustabas, pero después de tu episodio depresivo, la clínica y mis cuidados, me di cuenta de a poco que te quiero y no quiero importunar tu romance con Mariela o lo que sea que tengas con ella. No hables más le dije, el cariño y el amor llega de a poco, así como a ti, a mí también puede llegar, pero no hablemos más de Mariela, ni de mí, ni de nada, esta situación me hizo meditar en algo y hay un gran detalle que no sabes, Mariela se casó al otro día de estar acá conmigo.

Claudia me miró muy triste y me dijo que lo sabía, yo me impresioné mucho con la noticia, recordé las palabras del doctor otra vez, la clínica, las enfermeras y todo, luego de eso le pregunté por qué lo sabía, me respondió que la conoce porque es la mujer de uno de sus colegas, él la llevó a la Universidad en una ocasión y la presentó a todos como su novia una semana antes de casarse y que ella había sido invitada. ¡Qué notición!, no sabía que decir, ni pensar, lo único que se me ocurría preguntar era si había asistido, al mirarla más detenidamente pude notar en sus ojos que esperaba más preguntas de mi parte, aunque al fondo de ellos, tenía una catarata de lágrimas que me pedía no hacerlo pero que no se negaría a responder, aunque le causaría dolor sin duda y yo, no quería verla llorar otra vez. Me apoyé sobre mis codos entre la manta y sus muslos, mirando hacia el cielo que comenzaba a ponerse cano, las estrellas se despedían una a una, la cordillera aun oscurecida en sus faldas, marcaba una silueta estática y perfecta, las manos de Claudia acariciaron mis sienes y mi cabello, yo cerré los ojos ante tal contemplación, aunque no podía evitar pensar en Mariela, logré disimular mi aparente preocupación y, mientras pasaba este momento agradable, se acercó otra vez peligrosamente, pero con una fijación diferente, algo había cambiado en ese momento, me besó más apasionada que al principio, una de sus manos se escurrió hacia mi pecho y se interno entre los botones de mi camisa, pude sentir una caricia más cálida, más insinuante, una invitación a responder sus estímulos, apoyé mi cabeza en su pecho y le quité la mano con más sutileza de la que ella puso en recorrerme, la besé yo esta vez, mis brazo la recostó sobre la manta y mi otra mano se insertó dentro de su abrigo buscando su cintura, una curva inmaculada a mis sentidos, una curva peligrosa que invita a recorrerla con velocidad y precaución, la tomé más fuerte y seguro y me acerqué, me pegué a su cuerpo, la sentí tiritar, subió uno de sus muslos y me dejó poner una de mis piernas entre las suyas, la apreté más, un poco más y al besar ese suave cuello pálido que hacía gala de su belleza, noté el largo escote de su vestido que me dejó admirar sus torneadas y generosas piernas, todo sucedía lentamente entre besos mustios y sonidos plásticos, había deseo, se encendía poco a poco una llama intensa que nos ahogaba, que nos quitaba el aire, que consumía el frío que se apoderaba del amanecer, una de mis manos subió más su vestido y la sentí, pude sentir la piel de sus intimidades, su suavidad, su humedad, su juventud y sexualidad, me solté la corbata rápidamente, mientras ella me quitaba la chaqueta, la apoyé en nuestras caderas para cubrirnos un poco, tal vez por más sutileza o pudor, pero el patio comenzaba a desnudar su soledad y la luz nos sumergía en un mar de brillos y pájaros solitarios, mudos testigos de las siluetas que amanecían sobre el pasto compartiendo sus sinceridades y nos ofrecían al alba una dulce canción, mientras la luz llegaba, una de mis manos se fue directo a su pecho dejándolo descubierto a mis ojos, mi boca se alimentó de él, mientras me aferraba a sus hombros, ella inclinaba su cabeza hacía atrás, dejándome ver que le gustaba, y con su mano en mi cabeza me acercaba más, casi podía sentir sus latidos en mi boca, pero algo de pronto cruzó mis oídos y me perturbó, me alejé de su pecho sin vacilación y me quedé con la boca abierta escuchando, un sonido más torrentoso invadía mi concentración, entre los latidos casi ensordecedores y su agitada respiración, logré dividir la escena en espacios, una parte de mi estaba dentro de la casa, la otra, justo sobre ella. No pudo notar mi peculiar lejanía, estaba demasiado excitada para ver que me sobresalté con los golpes alejados y continuos en la puerta, puse mi mano en su boca y procuré hacerla relajar su respiración quedándonos quietos. En ese momento, miré sus pupilas oscurecidas y asombradas y aunque ambos todavía nos robábamos el aire, logramos unir los sentidos y oír lo que pasaba fuera de la casa, ella se incorporó de inmediato, me miró muda y sorprendida, se acomodó el vestido, se puso los zapatos que se había quitado al comenzar a cenar y se disponía a averiguar que pasaba, se levantó como segura de lo que haría y cuando pretendió caminar hacia la casa, tomé su mano y le dije que se quedara, que no lo hiciera, que ambos sabíamos quien estaba allí, tocando la puerta con más fuerza cada vez, pero no pude evitarlo, la solté y le dije que entráramos, que lo hiciéramos en silencio. Me quité los zapatos antes de entrar, ella hizo lo mismo, mientras más nos acercábamos, más sonoros eran los golpes, cerré la puerta del patio dejando todo abandonado sobre la manta y con las huellas visibles de nuestro lecho temporal, logré disimular un poco que aquello me había encantado y que si tuviera oportunidad lo repetiría de inmediato y aunque las circunstancias nos pausaron el deseo, no lo apagaron, sino que, avivaron esa rara sensación de complicidad, nos regalamos una sonrisa y tomados de la mano, recorrimos el pasillo hacia mi cuarto, la apoyé en el marco de la puerta, la besé de nuevo, pero con ternura, le dije que me esperara y fui por mi celular al living, lo cogí de prisa y llamé a Mariela, caminé en puntillas otra vez a la habitación, pero esta vez con Claudia siguiéndome abrazada de mi espalda, cuando sentí fuera de la puerta su teléfono sonando, la insistencia de sus golpes parpadeó, logré imaginar la escena, rápidamente sacándolo de su cartera para contestar y cuando lo hace, le corto, luego de eso espero unos minutos y repito la operación, pero en esta ocasión, me contesta más rápido, no alcancé a decir nada cuando me interrogó.¿Dónde estás?-, ¿yo?, -le respondí-, y quién más me dijo, ¿no has llegado a tu casa, o te escondes de mi?. Para nada, -le respondí- no estoy en la casa, estoy fuera de Santiago, viajé anoche a la casa de una tía en Valparaíso, quería verme y me invitó, tengo un poco de sed porque la bienvenida ha sido larga y se acabó el licor, quise llamarte un rato antes, pero recordé que eras casada, así que lo hice ahora, no sé, pensando que tal vez estabas en otra cosa o lugar, aunque a estas alturas, no debería haberlo hecho, podría involucrarte en algún problema.¡Te llamé! hace varias horas atrás, -me dijo- me dormí esperándote en el auto, frente a tu casa, tengo que verte, ¿cómo llego hasta allá?, necesito que conversemos de algo importante, te adelanto que dejaré a mi marido. Claudia que estaba escuchando pegada a mi, logró oír todo y me miró con una cara apenada, se alejó un poco para ver mi reacción frente a la noticia, no me lo dijo, pero fue obvio, ¡hablemos ahora! -me decía Mariela-, ¡te amo!, ¡te extraño!, no puedo seguir mintiéndome, me decía sin vacilaciones, no puedo seguir casada, deseo anular el matrimonio, no sé, pero cualquier cosa por estar contigo. Me desplomé en una esquina de la cama, no lo podía creer, aquello que había esperado, sucedía ahora. Entre mi teléfono y yo habían dos mujeres, una afuera de mi casa y la otra sobre mi cama, pero la que esta a mi costado, lo hace sin hablar.

Ahora no puedo conversar contigo le dije, en realidad no sabía porque te llamaba, cuando en el fondo lo hice para tratar de despistarla y que se fuera, pero lo dicho me perturba, hablemos más tarde mejor, debo pensar lo que me dices, ha pasado tiempo y cosas entre nosotros, creo que debemos analizarlo, no hagas nada loco ahora, no vuelvas a llamar porque apagaré el teléfono, más tarde te llamo, adiós.Me quedé en silencio igual que Claudia, estuvimos así un largo rato, hasta que oímos el motor del auto alejarse rápido, luego de eso, nos miramos, me recosté en la cama con la manos debajo de la cabeza, miré a Claudia y la invité a quedarse conmigo, la abracé, le besé la frente y ella sin decir nada todavía, se acurrucó en mi pecho y se durmió, yo no podía hacerlo, estaba todo arremolinado por dentro, pasó una hora más o menos, ya no lo sabía con claridad, Claudia se acomodó y despertó, me miró otra vez y me dijo que mis latidos eran muy fuertes, me preguntó si pensaba en Mariela, yo puse un dedo en sus labios y me permití besarla, sin cuestionamientos me respondió, casi avergonzada me propuso terminar lo que empezamos y olvidarnos del asunto, que no le importaba que pensara en Mariela, que sabía que me estaba ocurriendo, pero no se iría, sin antes darse la libertad de apabullarse en mi cuerpo, porque tal vez no podría hacerlo más, la admiré por eso, pero no respondí a su petición, esquivé la tentación de sus palabras y me abracé fuerte de su cintura, pareció comprenderme y me arrulló como a un bebé asustado, me sentí cálido, me sentí nuevamente vivo, pero atormentado, la abracé con más fuerza y le pedí que nos durmiéramos, que aprovechásemos el tiempo juntos de todas las formas posibles y dormir abrasados, lo había contemplado en un principio, como parte de la cena que se arruinó, pero no del todo, porque gané terreno y mucho más en esta vivencia, gané un poco de la libertad que necesitaba. Claudia comprendió lo que le dije, se acomodó más tiernamente aún, me regaló un último beso antes de dormirse mientras decía que era su perfecto cómplice, su perfecto caballero, que esperaba que me negara y que eso le guardaba más deseos de estar conmigo. Se durmió profundamente esta vez, yo esperé que no se despertara de nuevo, la tapé con una frazada del closet, para no distraerla e incomodar su descanso, fui a la cocina, preparé un café y lo tomé en mi cuarto, junto a la ventana, sentado, casi de la misma forma que con Mariela, dejé la taza en el piso y mientras la admiraba, adquirió una postura similar, no podía creer lo que sentía, Claudia se movió, la frazada se abrió un poco y encendió mis ojos hacia sus muslos, pero las imágenes de mis recuerdos no eran iguales, podía verlas en la cama, tanta similitud en el entorno, dos mujeres opuestas con mundos y universos alternos, recostadas en mi cama y yo, admirándolas y sintiendo que las engañaba, me paré de la silla, me acerqué a Claudia, le besé los muslos, la tapé de nuevo, me recosté a su lado y me dormí. Despertamos tarde, juntos aún, no se había ido como siempre, con hambre, más o menos descansados, apaciguados y estirándonos como la perfecta pareja que se conoce por años, compartiendo esos ratos íntimos del despertar, besos y sonrisas por la compañía y palabras entre cortadas evacuando las ideas lógicas de los sueños que tienden a manifestarse mientras todos los sentidos se acomodan. Claudia se levantó de un salto, se quitó el abrigo, luego el vestido, y en ropa interior, me regaló su figura casi desnuda dirigiéndose al baño para darse una ducha, yo la observé caminar entusiasmado, me quité la camisa, el pantalón, los calcetines y para no ser tan obvio, me quedé en ropa interior también y la seguí, al entrar en el baño, el vapor del agua había empañado el espejo, el baño es amplio, tiene una enorme tina enlozada, antigua y que compré con gusto una vez cuando estaba remodelando el baño con el fin de recostarme cómodamente con alguien y disfrutar ese espacio, Claudia se duchaba tranquilamente, solo se veía su cuerpo mojado y entre cortado por las gotas de agua que rebotaban sobre la cortina casi transparente de la ducha, metí la mano y cerré la llave del agua, Claudia que no había percatado de mi presencia, abrió la cortina y me dio la mano, ¿nos duchamos entonces?, -me preguntó-, como si me hubiese estado esperando, ¡no!, le respondí, me miró un poco confundida, abrí la llave para la tina, puse el tapón y comencé a llenarla, la complementé con esencias y espuma, me quité la ropa interior, Claudia cerró los ojos, eso me inquietó, me metí en la tina donde el agua ya podía cubrir los tobillos y me senté apoyado en la tina, ella estaba de pie aún, con el cuerpo mojado, sus cabellos pegados a la espalda, sus manos entre tapando sus pechos y los ojos cerrados todavía, mientras la miraba le pregunté porque cerraba sus ojos y ella me dijo, que por mi desnudez, me impresioné, le pregunté por qué decía eso, si acaso ya no habíamos perdido un poco de pudor entre tanta compañía, cenas, vinos y la noche que acabábamos de pasar y me dijo que si, pero que la tomé de sorpresa y allí, le pedí que abriera los ojos, que se sentara entre mis piernas y que dejara que el agua nos cubriera, me hizo caso, la abracé por la cintura, de espaldas a mí, se apoyó en mi pecho y dejamos que el agua nos tapara hasta el cuello, la espuma nos ofreció su funda y los aromas se mezclaron con el vapor, casi me duermo, excepto que, Claudia me habló y me dijo que estaba rico estar así, se dio vuelta, me besó y se sentó sobre mis piernas, instintivamente la tomé de la cintura, la acerqué a mi para sentir nuestro pecho unido y desnudo, cerré la llave del agua y acomodé mi cabeza en la tina. Ella me besó, pero no de la misma forma en que nos habíamos besado después de la cena, comencé a sentir un calor diferente esta vez, el calor de su cuerpo desnudo y entregado, un calor delicado. Recuerdo muchas cosas del baño que nos dimos, algunos detalles pueden escaparse a mis memorias, pero ese baño, fue más que eso, fue el comienzo de algo puro que nació entre dos almas que congeniaron perfectamente, no hicimos el amor, sólo nos deseamos y acariciamos, esperamos el momento oportuno, porque ambos comprendimos que los sueños hay que realizarlos y a pesar de que nos devoraba la pasión, dejamos que la oportunidad no sólo fuera un espacio físico y el tiempo necesario para concretar, sino que se convirtiera en el momento preciso para entregarnos.

jueves, 16 de julio de 2009

Vacuidad...

Hoy desperté con una sensación de vacuidad que me embargaba hasta el alma, me presionaba el pecho sin dejarme respirar tranquilo, te extraviaste en el corto transcurso a mi cama, te esperaba y me dormí, no llegaste, desperté sólo y abrazando la almohada de ese lado vacío que tanto duele, aquel que dejas cuando te marchas.

A veces no quisiera que me abandonaras de esa forma, quisiera detenerte otro minuto para inmortalizar tu imagen serena en mis ojos y verte por todas partes, pero sin confundir tu aroma, ni tu boca, ni tu espalda encantada que invita a mis brazos a rodearla. Aunque a pesar de todo, te confieso que últimamente he estado llorando mucho internamente, guardé mi tiempo en un baúl donde tengo cartas, historias, huellas, fotografías, la botellita del perfume que usabas, todo lo que no abro y al parecer, tampoco cierro.

jueves, 9 de julio de 2009

Sicología, libro de apoyo...

Tenía una copa de Carmenere en la mano, el eterno cigarrillo en encendido en el cenicero y cartas cara abajo en la otra mano, esperando su jugada, mientras analizaba el contorno.

Sentado sobre la alfombra, miraba alrededor, los muebles, los sillones, las cartas, el humo del pucho, bebía y mientras sentía bajar el vino por mi garganta, miraba de reojo la botella a mis pies con el corcho sobre puesto, hasta que ella me dice, ¡te toca!, y mientras doy vuelta mis cartas, me quedo pegado mirando debajo del televisor un manual entre otros que lo sostenían como base que decía: SICOLOGIA - Libro de apoyo.

sábado, 4 de julio de 2009

Tiempo

Quise dejar de mirarme en el televisor, como la mala jugada del destino en la película de moda, mirando pasar las estaciones mientras se seguía consumiendo mi vida en un fondo de sepia, tal vez los segundos que pintaste no llegaron a ser la excusa perfecta para admirar eternamente como se descascara tu belleza, pues no me resultó justo que te arrebataran de mis brazos esta noche sin dejarme apreciar tu rostro sencillo y ojos impávidos. Quería sumergirme entre tu cabellera y cuello, quería salpicar de palabras tus oídos y obtener una sonrisa, pero nada resultó, el teléfono fue más corto que de costumbre, el correo no funcionó, el mensaje fue impreciso y la noche, demasiado larga para pasarla en soledad.


Se que te comenté dentro de mi estado semi etílico, que quería estar contigo no importara la situación, simplemente porque ahora me da lo mismo, hubiese querido que fuera diferente, con los años, uno le apuesta al tiempo y a veces pierde, lo importante en el juego, es haberse arriesgado. Yo quiero hacer eso, transgredir el tiempo y apostarle a ganador aunque la proporción sea 50-50, parte de mi en su eterna lucha observa y omite, la otra desea y obtiene, la misma disyuntiva para el tiempo y yo, jamás terminaré de desafiarme, mejor terminaré de comer mi torta de Chocolate y dejaré el teclado descansar por ahora, tiempo tengo de sobra hasta que se me agote la vida.

viernes, 3 de julio de 2009

Insomnio


Será diferente pensaba, tiene un aire a Sophie Ellis, pero sólo eso, mientras enciendo cigarrillos medio apagados, agotaba minutos tratando de encontrar excusas para dejar de recordarla.




Un café sobre el escritorio, lo observo con fascinación y me resisto a beberlo, me hacen mal, aunque en esta ocasión siento que me caería bien, pero por qué, porque creer que me hará sentir mejor si se lo contrario. Muchas vagas ideas siguen cruzando mis parpados casi cerrados, a ratos mis dedos escriben un par de líneas y se entumecen nuevamente, creo que el sueño me agobia, el café sigue enfriándose, el cenicero está lleno, no siento los pies, Ella Fitzgerald se sigue reproduciendo constantemente, ya me aprendí la canción y me siento igual, “no tengo nada excepto blues” , creo que soy empático a ella, creo que debería apagar el computador y dejar de escribir, apagar la cabeza y dejar de pensar en ella también, me hizo mal pensarla, parece que me quedé congelado y no es usual en mí sorprenderme, será que la extraño y no reconozco que estoy molesto. Tal vez no es nada y un poco de insomnio me tiene consternado, cada vez que cierro los ojos la veo y cuando los abro también, cerraré su fotografía y me iré a acostar…

Muy tarde...


El humo del cigarrillo impregnaba mi rostro, acompañado del eco nocturno del taco de mis botas por las calles desoladas, imágenes paganas y el recuerdo de una conversación trascendente inundaban mi cabeza.

Llegué muy tarde esa noche, la atmosfera estaba rodeada por un silencio consumidor, casi silente. Me lancé sobre el sillón para relajar la espalda y encender otro cigarrillo, subí los pies, me quité las botas, presioné el control remoto del televisor casualmente con el codo y se encendió en nada, miré el reloj que marcaba pasado las 4 de la madrugada, el cigarro encendido entre mis dedos se consumía, mientras hacía argollas con el humo.

Pasado media hora me quedé dormido profundamente, casi inmóvil, desperté sobresaltado por un movimiento brusco, el televisor seguía encendido y me permitió visualizar una silueta cruzando entre el y yo, mi espanto fue superior, me habló, me llamó por mi nombre y me dijo “Carlos, anda a acostarte”.

Desde aquella vez, ya no me duermo en el sillón cuando llego tarde...

jueves, 2 de julio de 2009

En Santiago no hay secretos...

... para encuentros clandestinos.
Tarde unos minutos y ella aún me esperaba en la estación, el encuentro no era casual, habíamos quedado cerca de las 7 y yo llevaba casi 30 de apuro, dos llamadas, la espera, el taco, en fin…

Nos vimos, nos abrazamos, nos besamos, un leve aumento de mis latidos al mirarla, ella, de una tibieza pálida contemplaba mis excusas y tomaba mis manos para calentarlas.

La idea de ir al café no era mala, pero muy corta, quería tenerla conmigo y el tiempo corría, bajamos a la estación y nos fuimos al Barrio Bellavista, por allí anduvimos caminando y recorriendo sus calles y su bohemia unos minutos sin decisión, hasta que entramos al Patio Bellavista. Este era nuestro sitio, encontramos un ambiente acogedor, poca gente, muy selectiva, buena atención y lo mejor, teníamos ese grado de privacidad que quieres cuando estás conociendo y maravillándote de ella, todo estaba preciso, la música de fondo, el clima ideal para compartir una mesa en la terraza de uno de sus bares a pesar de encontrarnos en invierno, pero bueno…

Allí nos decidimos por una mesa, íbamos directo a ella cuando la veo saludar, me imaginé que era alguien diferente, tal vez alguien de la Universidad o algún amigo de la casa, pero no un compañero de trabajo conocido por ambos. Queríamos que nuestro encuentro fue discreto, casi clandestino, queríamos sentirnos ajenos al mundo aunque hubiera gente de por medio, compartir un espacio, reírnos, salir de la rutina, pero no fue así, por unos minutos no hicimos más que hablar de cambiar de lugar, ir a otro sitio y olvidarnos de la casual coincidencia, él se estaba acompañado de otro colega y bebían, nosotros ya habíamos ordenado y nos trajeron el pedido…

Después de cambiar el tema de conversación y a veces retomarlo, nos decidimos por irnos, ellos se cambiaron de lugar, un poco más alejado, querían la misma privacidad, nosotros pedimos la cuenta y nos largamos, nos despedimos de él y "nadie encontró a nadie", ese fue el acuerdo y nos marchamos, caminamos otro poco, nos reímos y aunque estábamos compenetrados, no podíamos evitar reírnos del encuentro.

Visitamos otro lugar, bebimos algo, vimos unos videos, nos reímos otro poco y fui a dejarla, no quería que se fuera sola, yo quería acompañarla, ella no se negó, me encanta, es una mujer espléndida, con pequeñas o muchas diferencias por descubrir pero hay que darle curso, mientras tanto nos dedicamos a pasar el tiempo luego yo de mis cosas y ella de su oficina, a veces nos juntamos, a veces hablamos por teléfono o nos mandamos correos, pero es así, compartimos muchas cosas antes de los Viernes de Fútbol entre sus colegas y yo. Al llegar a su casa, nos despedimos, abrazos, besos y ¡que llegues bien!.
-Gracias por acompañarme.
-No- Gracias a ti por invitarme. Otras pequeñas risas y que descanses, camino a mi casa no podía evitar pensar en la mujer que no tenía nada que ver en esta historia, que estaba ebria y daba mucho jugo, nada que ver aquí, en estas líneas pero apareció, tal y cual ayer en varias ocasiones, incluso al irnos y aunque no se cómo terminaría su historia, si se como comienza la mía.

domingo, 28 de junio de 2009

A sangre y fuego...

Cuando te molestas como ahora, quiero hacer de chistes los gestos de tu rostro, aun cuando nos bombardeamos con emociones sátiras y creando límites inexistentes, hacemos guerra de una emoción y nos invadimos en cada instante y aunque nos une y deja nulas estas batallas el saber que después de ellas, seguiremos juntos y mantendremos nuestras relaciones, verte dormida me satisface.


Puedo estar horas mirándote dormir sentado en mi rincón, apoyado en mi rodilla, esperando que tal vez digas algo, que tal vez te sigas peleando conmigo porque no te gustó la película, o porque simplemente querías dormir sola y no sabías como decírmelo, pero ahí estás, como siempre, acostada, esperando que llegue tu hora. En ocasiones quisiera saber, cuántas veces debo absorber el veneno de la distancia, o cuánta intolerancia para seguir perteneciendo sólo a tus brazos.


...Blá, bla...


En estos momentos una parte de mi te ama y la otra no lo quiere reconocer, debo admitir que mientras me seguias gritando, no quise escuchar más razones que esto, pero también insisto en que nos queremos y que esta discusión no tiene más salida que la calle, dormirás sola y yo beberé de tu ausencia, mi rabia en algún bar hasta que llegue el alba, pero no me rendiré, aunque mi cuerpo se derrite por compartir el calor de tu espalda abrazado sobre las sábanas.

Santiago nocturno, a pocas horas de amanecer…

Querías que te escribiera algo, aún no se porque lo pides, pero me agrada que lo solicites, sin creer que esto llevará a algo más allá, te lo concedo, porque me agrada escribir, porque me agrada calentar los dedos en el teclado y mi cabeza a navegar entre un mar de palabras, compartir algunos espacios, como los que muchas veces compartimos por pantallas.

Han pasado unas cuantas horas desde que hablamos por última vez, desde que te conectaste y saludaste, desde ese momento me quedé analizando cosas, mirando detalles y pensando.

Quería empezar por algo distinto, mi fuerte no es escribir cartas, historias a veces, pero me determiné a hacerlo, tal vez pensando que podría agradarte, tal vez insinuando a quitarte unos minutos en la oficina y llenes tus ojos de unas cuantas letras que te pertenecen, aunque no sólo por eso, uno se embarga de emociones y las volatiliza cuando irradia felicidad, cuando se siente entusiasmado o simplemente, cuando te agrada lo que llega a tus manos, que puede ser en un contexto, una noticia, un gesto, o simplemente algo que no esperabas como esto.

Me decidí a enviarte esta carta porque considero en mi filosofada vida, que no existe un arma tan poderosa como una idea cuyo momento ha llegado, cuando su grandeza es producto de la urgencia, y para mí, la urgencia es que puedas leerme, como a veces te leo, cuando apareces en las líneas de la prosa de algún escritor y te sales de mis libros, como en aquellas ocasiones en que me quedo dormido con uno de ellos en las manos, por lo mismo insisto que tu petición ha sido una fuente de inspiración, como en las que a veces uno reacciona simplemente al echo de querer manifestarlo y por eso me tienes aquí, con un cigarrillo consumiéndose en el frío y una taza de te calentando mis manos, como cuando quiero cortar tus silencios con una mirada sin la ignominia de sentirme ajeno, pero a veces la ocasión me sobrepasa por cuestiones de amplitud y no puedo soltar la palabras necesarias para expresarme, sólo admito que quiero abrazar tu naturaleza sin romper la armonía que hemos creado, porque me agradas bastante, me gusta como callas y me gusta como observas, me agrada la forma en que gesticulas con los ojos cuando quieres decir algo, como tus pupilas se quedan estáticas esperando una afirmación, o simplemente esperando ser comprendida.

Por favor no creas que trato de llenar tu cabeza de ideas, simplemente piensa que me comunico sutilmente por el lenguaje más hermoso que existe, el de las palabras, el de las dedicadas a la imprudencia de sentirlas sin ser siquiera producto de la reciprocidad y de los vapores que se cruzan ahora por mi pantalla, cuando respiro y veo empañados los vestigios de frases que se impregnan aladas en este documento, pero así es, así escribe un hombre que tiene la posibilidad de motivarse sin decir mucho más de lo que deseas saber, que llevo más de algunos minutos pensando y poniéndote frente a mí para decirte esto y pensando que puedes hacer de cuenta que estoy frente a ti, como yo ahora y te comparto, un momento dedicado al romanticismo que existe en las cosas que nos gusta hacer como personas, como contar la historia de dos almas que se encuentran en el silencio o de las cosas que en poco tiempo pudimos congeniar, de las que nos contamos, del famoso abrazo que nos prometimos, aquél que, aunque lo anhelaba lo temía, porque temía temblar como un chico al sentir tus brazos rodeándome como en aquella fría ocasión, pero nada más quería hablar más cerca de tu alma y tal vez citar algo de mi poesía a tus oídos, para sentir de cerca y con los ojos enmudecidos el sonido una sonrisa cortar el aire, esa sonrisa de la que me hice adicto, o tal vez ver en tus ojos los suspiros ahogados en tus brazos de niña semi estirados, el arco de tu espalda torneado en el escritorio y los codos apoyados, leyendo este cuento de hadas con tu cabellera cubriendo tus gestos y delicados movimientos y siempre robándome mis propias palabras.

Aquel sábado en algún sentido te adoré en silencio, mirando y buscando detalles, buscando encontrar una mirada errante, una mirada cómplice. Por momentos, no quise indagar más allá de lo permitido porque no quería decir más de lo que ya había entre ese espacio enorme que nos separaba estando tan cerca, quise que fuéramos cómplices y lejanos, pero fuimos extraños y luego casi amigos, tantas metamorfosis para seguir siendo los mismos, para sufrir de una pestañada, un suspiro atolondrado por los minutos vagabundos que volaban entre nosotros, para terminar como empezamos y comenzar a escribir el nuevo capítulo de esta hazaña.

Voy por otro cigarrillo mientras analizo imprimir esta carta que en algún sentido dice mucho o tal vez poco, dependiendo de lo esperado o de lo inesperado, pero es así, este es el mundo en mis ojos, mi burbuja errante de emociones y aunque mis dedos vuelan por dibujar letras, en mis ojos se cuelan sentidos casi tácitos, pero vuelvo, vuelvo a lo que me rodea de momento y aletargadamente filtro las emociones que me embriagan frente a esto, frente a este trozo de alocadas palabras que podrían gozar de incomprensión y de ideas enrolladas, porque vuelvo recordar que no debo sobrepasar lo que un comienzo fue una petición de escribirte, pero así soy y al mismo tiempo, a veces dejo de ser.


Tan sólo por conocernos..., simplemente.



Carlos Remedy V.

lunes, 30 de marzo de 2009

Una copa de vino en el parque…

Había escrito unas cuantas cosas antes de llegar a esto y la verdad para mí, es que no me atrevía a bombardear el teclado con palabras sin sentido, porque en el fondo quiero escribirte.

Suponía que tal vez no llegarías, aunque la verdad te esperaría un par de horas antes de irme, quería verte, muy adentro lo necesitaba y no me preguntes por qué, no tengo una respuesta mayor a ese cuestionamiento, simplemente sabía que sería nuestra tarde.

Las cosas han cambiado desde que apareciste nuevamente, me agrada pensar en ti, o las mínimas conversaciones que tenemos durante la semana en las que a veces nos mofamos de nuestra aletargada existencia, pero más que esto, me agrada pensar que te siento cerca. Es un echo que me gustas, me he otorgado esa licencia en decírtelo sin tu consentimiento pero si, me gustas y la verdad, me satisface más enunciártelo que esconderlo, porque se que te has dado cuenta de ello y aunque no te pronuncies al tema, me doy por satisfecho de mostrarlo.

La tarde transcurrió en un sinnúmero de cosas, la breve caminata al museo, la importancia de nuestros pareceres y las correspondientes bromas aladas, que en algún momento le dieron esa perspectiva graciosa a mi fascinación de mirarte animada explicándome y contándome sobre las historias que tus viajes y tus vivencias, aunque a veces sucede que uno se concentra tanto en algo o alguien que es inevitable prestar la atención adecuada a lo demás, eso me sucedió, pero estaba prendido observándote, a veces oyéndote y otras opinando, pero siempre ahí, contigo con ganas de abrazarte en ocasiones y en otras tantas reírme a carcajadas por los desenlaces, aunque muy en el fondo a veces sentía que quería acurrucarme contigo y dormirme un par de minutos abrazado a tu espalda y disfrutar de nuestro silencio.

Creo que ayer nuestras copas se cruzaron dos veces y al brindar simplemente por la vida, yo brindaba por encontrarte otra vez. Quise regalarte un millón de cosas más que una botella de vino y una ensalada de frutas “sin ciruelas”, ja ja ja, tal vez seguir inventando excusas para verte, el deporte, el trabajo o que se yo, hacer realidad esas invitaciones postergadas por cuestiones de ambos pero que le dan sabor a nuevos encuentros, esas cosas que por no hablarlas en otro momento alargaron la cita y el atardecer que oscureció nuestras siluetas sobre una manta, en ese parque etílico, tus historias, las mías, el entorno, el aroma de tu piel cuando el viento se asomaba detrás de ti o como brevemente agitaba tus cabellos con la misma gracia en que regalas una sonrisa, pero de esa forma, allí, tus ojos, tus manos, tú, toda tu, eras lo que más admiraba y sólo dije que eras linda, tal vez un poco inusual de mi parte compartirle tantas palabras al mundo, a sus gentes y tan pocas o tan atravesadas para poder decírtelas, pero es así, de esta manera me perdí en un teclado ahora tratando de animarme a contarte en mi manera de ver las cosas, nuestra tarde y que podría haber durado mucho más, pero lo entretenido que de ver las cosas con los ojos de un niño a veces, es que puedes verlas con ojos inmensos y sin que se escape la vida en ello, aprendes a no querer todo inmediato y mirar más allá, sabiendo que no será el último atardecer que disfrutarás de esa manera, para mí también fue nuevo, compartir un Domingo así y el abrazo de despedida siempre genial de nuestros encuentros. Un día de estos, será más que una tarde y un abrazo, créelo, yo también quiero creer lo mismo que tú…

sábado, 28 de marzo de 2009

Me falta, pero ¿qué me falta?

“En ocasiones hacemos opiniones diversas sobre las cosas, pero sucede que sin querer dañamos con nuestro parecer, esto también me ha pasado contigo, algunas de las cosas que nos compartimos nos dañan y tú, inconcientemente lo has hecho conmigo. Espero en el futuro no tener más manifestaciones sentimentales porque me he vuelto débil y no necesito esa fuerza, esa energía no la quiero gastar luchando contra mis principios por una estupidez en desconocimiento”.

Estaba recordando las cosas que por miles deseaba contarte, entre otras, que necesitaba verte para hablar fuera de la oficina y de esas ganas locas que me embargan por decirte mis razones, pero pasa que no me siento cómodo y aunque espero cosas que jamás llegarán, a veces tan poco las necesito.

Cuando creo en mi locura y me arrebato a decirlo para sentir que lo estoy, aunque la razón de ello, por mucho que deseo verlo, no quiere manifestarse y eternaliza la ambigüedad que profesa mi rayada cordura emocional. Te digo que si, en efecto soy extraño, más de lo que crees y también tengo miles de defectos que se cruzan por nuestras conversaciones.

Pasando al punto real, necesito dejar de ver las palabras cruzar en el aire y sentirme aludido, pasa que estoy tan sensible últimamente, que todo me afecta, más cuando una salida que se suponía entretenida, no lo fue tanto para mi, porque mi cuerpo me jugó una mala pasada y no pretendo hacer más cuestionamientos a las cosas que veo cuando me miro al espejo, necesitaba hacer mil cosas distintas aquella noche, de las cuales unas pocas eran contarte las cosas que ahora decido guardar. Para mi ya no hay tiempos ni demoras en nada, para mí se acabaron las excusas y las contrariedades y creo por mucho que los grados de alcohol que circulaban por mi sangre, no me dejaron ver el contenido exacto de mi cabeza, siempre cuento lo que tomo y esa noche me habré bebido unos cuatro tragos y ahí quedé más que mareado, con una necesidad exhaustiva de evacuarlo todo, aunque todo tiene que ver con mi cabeza y ese es mi error, mi delgada humanidad me grita cuales son los límites que no debo cruzar y aunque lo pasé bien en un comienzo, luego todo se volvió bochornoso para mí, creo que ni siquiera me despedí como la gente y me parece que tampoco te agradecí por acercarme a lo que luego fue, una salida mayor, necesitaba escapar de mi mismo y de mis recuerdos, de las cosas que me hacen mal, de las cosas que me hacen volver.

Tomé un taxi y me destiné a mi casa, en el camino hice tres paradas, las necesarias para limpiar mi organismo del poco y malogrado alcohol que ingerí, luego y ya mejor, seguí el rumbo que se me empezó a aclarar, me fui a la casa de una amiga y llegué llorando, medio mojado y medio muerto de frío, pero necesitaba decirle a alguien que hace poco he visto a mi madre y no comprendía porque la miraba sin decir mucho y me tenía tan arremolinado. Esta semana que pasó, fue una semana de comienzos y las líneas ya están trazadas, la extrañaba y mucho, pero no me hizo bien verla y eso me tiene consternado. Me fui al centro buscando una cafetería abierta, necesitaba estimularme con un poco de café y unos cigarrillos, me bajé del taxi cerca de la plaza de la constitución, me acerqué a una de las piletas a mojarme el rostro pero me acerqué mucho, me resbalé, no tanto como para caer muy dentro, pero si lo necesario para mojarme los guantes, las mangas, parte del hombro y la cabeza y a esa hora hacía frío, no había mucha gente a esas horas y la verdad poco me importaba, comprenderás que me resfrié, medio mojado como estaba y ya más despierto, logré tomar otro taxi a la casa de mi amiga, una casa que por lo demás me encanta, vive en el tercer piso de un palacio como le decimos, con una vista espectacular de Santiago nocturno, Una de esas construcciones antiguas en las cuales un piso vale por dos y sus grandes ventanales, dejan por mucho reflejarte casi completamente cuando tus ojos buscan las luces extinguidas del alba, el cielo estaba teñido de nubes grisáceas, el aire estaba muy denso, el café no se hizo esperar, muy cargado y recién hecho, unos cobertores encima y me recosté en el sillón circular donde miramos la Luna cuando satirizamos la vida en la costumbre que tenemos de cuestionarlo todo. No me hizo muchas preguntas, excepto decirme que durmiera luego para que habláramos al despertar, me dejó tapado, mi ropa secando en el baño y se fue a dormir. Cuando desperté eran como las 11 de la mañana y ya no hacía tanto frío, mi ropa no estilaba, pero estaba muy húmeda todavía, así que me prestó algo de su hermano y la ducha y luego tomamos desayuno en el solar que hay en el techo, fue entonces que me desprendí de todo, lloré como nunca, lo hice y me gustó, ella se evocó sólo a atenderme y me dijo que lo único que debía hacer era relajarme y seguir en mi desahogo, que no debo beber alcohol cuando mi cabeza loca está muy susceptible, que puedo contar con ella aunque a su pareja no le agrade mi presencia en su vida, porque siempre tiene tiempo para su hermano regalón y con el cual comparte muchas cosas, en efecto somos hermanos, no consanguíneos aunque me gustaría, pero nos hicimos hermanos una tarde de verano hace ya unos cuantos siglos, antes de reencarnar en lo que somos ahora, unos románticos locos que viven satisfaciendo la necesidad de expresar y analizar el entorno y luego plasmar la historia con misticismos y subterfugios disfrazados en la prosa, de regalar sonrisas donde no las hay y de simular que todo está bien cuando los hechos no nos acompañan. Creo que me he perdido, he estado viviendo en otro espacio, me interné en mis pensamientos y me hizo daño, pero si te fijas en los detalles, podrás analizar mi forma de ver las cosas, aunque en todo, no es muy diferente del resto.

Me falta, pero ¿qué me falta?

Tú me faltas…

¿Carpe diem?

"Las letras llegan por sí mismas, solas, de la misma forma en que entraste en mi vida como el pequeño rayo de luz que me deja ver el polvo circundante entre las sombras y la humedad adyacente de la pieza, así mismo, fue que tus delirios rozaron mi frente y me despertaron para abrazarte”.

Otra vez caminé junto a ti en mi oído, otra vez. Otra vez canté canciones en la calle rumbo a mi destino. Un objetivo, liberar la energía que me cansa de no poder contenerla, rabiando con los ojos y con el lápiz que no me acompañó mucho en el camino, haciendo rayas locas en el cuaderno porque necesitaba escribir caminando como otra veces y la tinta no me dejó estampar bien mis ideas para contártelas.

Alameda con las Rejas hasta General Velásquez, este era mi paso, sonriendo de un día como hoy, de un día que termina en pocos lugares agradables a la sintonía que se logra cuando quieres escapar del mundo, recorriendo sus calles, casi ciego porque tu universo esta en otro sitio, uno más lejano y menos violento. Aquí afuera todos atropellan, todos, nadie mira a los ojos y pide disculpas por rozar tu espacio de libertad, todos viven así, más lento que el reloj y más rápido que la vida, dejándose abatir por la rutina, por la maldita urbe que hemos creado, y yo, sintiéndome arquitecto de una ciudad nocturna, de un Santiago nocturno para tus oídos.

Recordaba mientras paseaba, un momento de felicidad como pocos, de esos perdidos entre las personas, los espacios que pueden disfrutarse sin estar lejos como unas hermosas rosas rojas en la recepción de nuestro piso, perfumadas de su naturaleza muerta y desgastada, ornando un sitio frío y cambiando el aspecto seco de las paredes para resaltar su belleza, aun, cuando esta se agotará en muy poco tiempo, son rosas que me hacen recordar a cada instante el color de una pasión, mi pasión, rosas, que me provocan afinidades etéreas, volátiles y meditabundas.

He sentido la necesidad de describir en el camino y en voz alta esta sensación, una soñolienta instancia que predica la suspicacia de ansiar tus ojos a mis letras, de sentirlos recorrer las líneas imaginarias de una conciencia desgastada, de satirizar el sueño que se escapa, de acumular segundos y adelantar la vida muriendo más rápido, donde cambiamos todos y nuestro entorno en cada respiro, sin dejarnos ver por qué caminamos y qué nos mueve.

Se me agotan las palabras cuando tengo otra fijación, una más profunda que invade mi curiosidad, una más suave y delicada elocuencia, una constancia, un eco, un grito magullado en la distancia rebotando entre las paredes de esta selva de cemento, de pasto seco, árboles teñidos de amarillo y sus hojas caídas como cadáveres de muestra intoxicación, casi pateando nuestra esencia, ensuciando mis zapatos entre las hojas muertas, ensordeciendo mis oídos a los bocinazos y al aire caliente de las bestias colectivas que parecen una estampida de colores luchando por el espacio que otra deja, esperando las señales de nuestros reflejos condicionados. En este mundo de bestias hay que luchar por ser humano, en este mundo debemos agradecer a quien nos daña porque nos hace más fuertes, en este mundo, aprendemos a amar lo que no significa “amar”, nos enamoramos de los espacios, los recuerdos, la compañía, pero no de nosotros y hasta en eso somos egoístas porque no vemos como se caen las capas de nuestra piel, o como se apagan los ojos, nadie nota que los zapatos viejos han soportado nuestro peso y se desgastan en la forma que gastamos nuestro tiempo, estamos locos querida mía, porque no vemos, estamos locos, porque en realidad no vivimos, quisiera saber quisiera, ¿quién le hace justicia al tiempo que matamos?
-¡Nadie!-, porque yo también estoy sumergido en este mar urbano.

Amiga

Ahora que te conozco más, comparo mis emociones con las tuyas y encuentro la similitud, comparo las sensaciones y encuentro el mismo egoísmo, comparo los tiempos perdidos y encuentro la empatía que nos acompaña, siento que puedo contar contigo porque has demostrado que puedo hacerlo sin pedir nada, me he acercado a ti de muchas formas como ahora, he vivido instantes similares, casi con las mismas consecuencias y algo no me ha gustado, existe un dejo que me aleja de tus pasos y me obliga a despertar de este letargo. Por mucho quería estar cerca de ti para amparar mi callado paso observador en tu senda, para evitar sentir y vivir las mismas cosas de ayer y cobijarme en tus hombros porque no lograba entender la necesidad de encontrarte hasta con los ojos, poco a poco he descubierto que no puedo mirarte de frente, trato de evitarlo hasta cuando hablamos en los pasillos casi corriendo, nos evitamos en algún sentido y eso me agrada, casi tanto como acercarnos a perturbar esos silencios en breves chistes o preocupaciones temporales, somos niños, niños traviesos, perdona mis palabras por decirlo, pero aunque necesito de ti en muchos aspectos, a veces necesito respirar muy profundo y olvidarme de todo, pasa que estoy atormentado por mi reflejo y es ese mismo que no me deja ser el hombre que deberías conocer, hay demasiadas cosas que no sabes de mí y que a veces tengo miedo de contarte porque me hacen sufrir el relato, estoy triste y eso no lo notas porque no te he dejado verlo. En el camino de mi soledad obligada, sentirme útil hablando contigo, a veces suple esa necesidad corpórea de estar solo y me siento extraño, te quiero un kilo y lo sabes, tal vez no lo he demostrado mucho y no pierdo valentía en decirlo y expresarlo, eres una de las pocas personas que me puede sacar de ese meditabundo momento en la sobriedad del día y aunque este se encuentre apagado, sigo insistiendo en que me gusta mojar mi cabeza en la lluvia y sentir el frío del agua mojando mis pies, luego de eso, tomo una ducha caliente y me acuesto a mirar el techo de la pieza, sin música, sin libros, sin televisión, sin nada que perturbe mi momento de relajación, para dormir un poco cansado y despertar apurado, sintiendo que duró muy poco la pestañada, que la cama a veces acusa ese lado vacío que tanto duele, que no puedo mantener una relación porque no quiero hacerlo, pero tampoco quiero aventurarme mucho en otras cosas, siento que estoy perdiendo el tiempo y a veces me gusta hacerlo, siento que estoy loco y eso me agrede, tengo una lucha emocional bastante intensa, estoy torcido internamente y no puedo enderezarme, los dolores de cabeza son constantes, mis nervios han aumentado y lo entretenido de todo es que ni siquiera me veo estresado, parece ser que resulté mejor actor que comediante y mejor amigo que escritor.

Te comparto esto porque te comparto muchas cosas, una parte de mi se va en lo escrito y otra parte se queda en tus ojos, mi tiempo se agota y es una realidad, cada segundo es importante por eso siento tanto la vida que se nos arrebata sentados frente a un escritorio, quisiera volar querida amiga, quisiera volar, quisiera de una vez por todas llorar mi desdicha y renacer para no sentir tanta mierda emocional, ahora no quiero nada más que eso, no deseo mi muerte porque el alma no me pertenece, es tan prestada como estos ojos que miran y analizan todo, pero así, sin más ni más, me declaro incompetente ante la vida y sus costumbres, me declaro inocente de mis amores y un sátiro en mis palabras, a veces he muerto porque alguien así lo quiso, me morí y respiro en un tiempo olvidado, entre las hojas amarillas de mis escritos y los aromas que me trae el polvo del baúl donde yacía mi cuerpo, allí, donde una vez, en esa tierra, ese páramo oculto y seco de vida, esa eterna pesadilla que una vez te relaté, el lugar dónde buscaba a mi personaje y terminaba cavando mi tumba con los dedos, allí, donde mi parque de emociones se disparaba hacia el sol y volvía mojado en lágrimas y con los brazos extendidos hacia la Tierra, allí mi querida amiga he sido infinito, aquel único lugar donde en el tiempo una vez sentí a Dios cerca y pude contemplar la agudeza de mis visiones, allí mi querida amiga, pude apreciar por primera vez que no existía mi vida, más que en mi cabeza.

Definitivamente debo estar loco, y disfrazo mi locura en la de los demás, sigo actuando una rutina que nadie nota porque todos son actores secundarios de ella, donde el único papel importante es el tuyo, que te has convertido en escudo emocional y me mantienes a raya porque puedo reflejarme en ti. Espero que si comprendes mis palabras no me mires raro, porque no tiene nada de malo parodiarse por un rato para sacar los rollos internos a flote y ser libre por una hora al menos, mientras desarrollo este pedazo de tiempo en un escape literario, excepto por una cosa, que en realidad no nos parecemos y que sólo somos parte de una historia que como todas, terminará luego porque mi personaje partirá pronto. Te quiero amiga y eso no cambiará aunque pase el tiempo, pero tampoco puedo necesitar siempre de tu cercanía porque necesito crecer y madurar. Siempre serás la sacerdotisa del claro de luna de mis cuentos de caballería, la Eva encantada que me gusta oír cuando sonríe y saluda, siempre me gustarán tus ojos porque puedo ver mucho en ellos, me encanta tu poesía cuando puedo leerla y me encanta ser tu amigo porque eso te convierte en mi amiga, jamás había querido tanto a nadie en tan poco tiempo, jamás había necesitado decirle tantas cosas a una amiga como a ti, jamás me había sentido tan inmaduro y tan motivado y sabes, en realidad necesitaba de ti, que quisiera perder unos minutos conmigo, mientras buscaba la manera de decirte que escribí esto sólo para leértelo y aprovechar de aclarar que esta carta, no es más que la excusa para tenerte a mi lado y decir que en mi locura y tu perfección, te amo.