jueves, 4 de diciembre de 2008

Soledad...

Anoche, justo a la hora maldita me toca hacerme el muerto para no compartir mi alma con una boca mojada en cerveza y permitirle robarse el sabor de mi piel de una cama clandestina.

Dormí con una amiga para evitar dormir con otra que no lo era, una amiga que hace bastante tiempo no acurrucaba en mi pecho porque sus compañías lejanas no lo permitían, mi eterna amiga Soledad. Una guitarra vieja toca una triste tonada, sin saber que en su letanía se encuentran cobijadas palabras de un éxodo con el cual bailo en tu sonrisa. Pasa el tiempo y la espera se hace corpórea, hora de dormir, una cama y dos almas por descansar se precipitan al sueño etílico que el espacio las invita a compartir, quise dormir solo y esa voz tentadora trató de hacerme caer en la fascinación de acurrucarme en otra piel, pero soy más determinado y el dulce recuerdo de una mujer que otra vez aparecía, daba vueltas en mi cabeza y me hizo caer en sus brazos como un niño que necesita ser mimado, la soledad apareció a mi lado y suavemente me pidió que durmiera. Al otro lado de la habitación, otra alma esperaba que la rodeara en mis brazos mientras sentí su desprecio en mi descanso.

2 comentarios:

KePaNuK dijo...

espero que me creas sin dudar lo que te comentaré hoy... jajaja...
me encantó como manejaste aquí los antagonismos de sentimientos tan contrapuestos en perfecta armonia... tiene grandes metáforas... es el tipo de literatura que más me gusta, porque plasma el enredo interno de nuestros mundos locos...

KePaNuK dijo...

El blog a ti palabra solo lo puedes leer tú...
Te escribí ahí, es lo último que hago para que creas en mí...
Sólo te pido que creas que en esa estupidez no tuve nada que ver, que esto lo hicieron para dañarme a mi, no a ti... aunque igual pasó...
No te pido que cambies tu decisión de no hablarme más, sobre eso yo no puedo hacer nada...
Sólo pido que leas y comprendas que no tuve nada que ver...
Esto es lo último que te escribo, y lo hago por aquí para que te quede el enlace al blog y leas lo que te dejé...
Fue maravilloso conocerte,
Cris