El Viernes quería preguntarte que harías, en realidad quería pasar parte de una noche de Ron como en otras ocasiones para relajar la semana, para sentirme más apegado a ti y conversar por un buen rato, entre risas, las estrellas y el balcón olvidado del departamento de mi amigo por todo el fin de semana, pero ahí estaba, solo, oyendo música y viendo uno que otro video acompañado de cabritas caseras con mantequilla para hacer sed y una botella de vodka que no daña mi organismo y me provoca mucha risa, un jugo de naranjas exprimidas y uno que otro sátiro preparado para las posibles visitas.
En realidad esperaba que fueras tú, me dio un poco de vergüenza preguntar si te gustaría acompañarme, aunque el lugar tiene varias habitaciones en caso de que hubieses querido quedarte y goza de algunos sillones semicirculares que siempre apuntan a los ventanales para acompañarse de la Luna cuando esta nos ofrece su extraña y pálida belleza. En fin, allí me quedé, cuidando su departamento en soledad excepto por el negro, su perro, un travieso que tuve que alimentar. Bebiendo un poco y disfrutando de la espectacular lluvia citadina caer sobre las almas transeúntes de esta indómita y nocturna urbe contaminada, acompañado de luces tenues y velas encendidas y por sobre todo, muchas ganas de conversar, me arrimé al teléfono y marqué tu número, pero no quise mantener el pulso y corté rápidamente, luego me dije al diablo, no voy a molestar a nadie y voy a disfrutar este espacio que no se tiene todos los días, aproveche parte de la noche trabajando en mis escritos y otro poco durmiendo cuando se acabó el vodka.
Llegó el Sábado y por la mañana me puse el buzo, las zapatillas un polerón grueso, mi pañoleta y el walkman de mi amigo para salir a pasear al perro, camino al parque forestal me dieron ganas de correr, así que una vez allá, le solté la correa al negro y me saqué la mía, troté por más de una hora, me agradó recomponer mis muslos al ejercicio como antes, cuando lograba canalizar la mala energía y la quemaba en el camino, dejando todo atrás, olvidando todo, excepto al perro que disfrutaba conmigo saltar sobre las posas de agua y sobre las bancas del parque, estábamos por poco solos, no había mucha gente, supongo que el frío espanta a las personas y entonces fue más agradable aún. Ya de vuelta en el depa, me metí a la ducha y me saqué de encima todo lo que queda en la piel y que no se va en el camino y una vez seco, me dediqué a bañar al perro con la estufa en el baño y el secador de pelo, el pobre negro parecía pelusa, pero le agradecí la compañía y me pareció que a él también. A eso de las 3, recién quise comer algo, porque me había tomado como 2 litros de leche y comido unas cuantas manzanas durante la mañana, se me ocurrió que una cazuela no era malo para un día que otra vez comenzaba a mojarse, me quedó rica creo, recibí unas llamadas y al rato tuve visitas, unas amigas que Marco me dijo irían a recoger su ropa para lavarla y luego ordenarían el depa, la verdad, yo ya había limpiado, pero la compañía nunca es mala, además el ya había pagado el servicio, así, que las dejé pasar y entre una y otra cosa, nos reímos un rato, se fumaron una rama, me acompañaron al super, compramos más vodka, más naranjas y nos largamos a reír toda la tarde, yo quise que estuvieras ahí, pero otra vez no me atreví a llamarte. Pasadas las 10, el perro no quería caminar, estaba cansado me pareció, así que lo dejé recostado en su cama y preparé la noche, busqué unas clásicas películas, preparé más cabritas, me quedaba algo de vodka y jugo, las muchachas se habían ido como a las 9, yo me recosté en el sillón con unas mantas a disfrutar la película que duró hasta que cerré los ojos porque me dormí muy profundamente, estaba tan relajado que desperté con un movimiento brusco en los pies y mientras el eco de una risa se oía de lejos, terminé de abrir los ojos y veo a mi amigo riendo, todavía estaba oscuro, la tele prendida en nada, el perro durmiendo patas arriba y el reloj marcando las 5 de la madrugada, desperté relajado, mi amigo venía todo revolucionado, tenía ganas de hablar y de preguntar todo, de cómo me había parecido cuidar el depa y al perro y que si sus amigas habían ido por sus cosas, ¿qué le podría haber dicho?, -¿cuándo te vas de nuevo? -le pregunté- y nos reímos un rato, me desperté mucho parece en ese momento, el Marco sirvió Whisky con hielo, sacó uno de los sátiros que no quise tocar porque no tenía ganas, pero que no me negué a fumar con el, luego de unas pitadas y unas copas, otra vez entre risas y los pormenores de su viaje, nos dormimos sentados en el sillón a eso de las 8 de la mañana.
Desperté como a las 11 y a él también, le dije que se fuera a su pieza, que yo me iba a levantar y que ordenaría todo antes de irme. Tenía cosas que hacer en mi casa, así que como puedes ver, pasé el fin de semana fuera hasta la hora de almuerzo, cuando llegué mi papá me lanzó una broma preguntando cómo se llamaba la mujer que me había desaparecido, típico de los papás, pero bueno..., casi dijo algo bochornoso cuando vi que mi hermano Octavio fue a saludarme, créeme, fue loco, por poco y digo tu nombre y no entiendo a qué se debía, lo único claro para mí, es que logro comprender las cosas que me ocurren en espacios compartidos y con personas cercanas, en efecto sentí que me desapareciste, en efecto y de hecho te extrañé muchísimo, en otras palabras me acompañaste mucho este fin de semana, recordando que nuestros mundos alternos, nos hacen acercarnos en ocasiones y al dejar caer unas cuantas palabras en la recepción a veces o nuestras pequeñas grandes conversaciones entre líneas, supe indeterminadamente que nos debemos un abrazo y que en realidad me gustaría abrazarte por un momento largo y agradecerte, que también logras sacarme de la oficina, aún cuando no hagas nada por hacerlo, pero que también me llevas a ella porque es el lugar donde paso más tiempo contigo.
Recuerdo que hace unos días atrás, en tu último correo, me dijiste que sentías conectarte conmigo, puedo decir que las historias que te comparto, tienen matices que seducen tus ojos, porque están hechas para eso, para sumergirte en mi mundo y para compartir aquello que de mi desconoces aun cuando lo muestro a simple vista, entonces enciendo otra vez mis ansias a escribir y te digo que sí, que estamos conectados en un sentido muy especial, nuestra red son los ojos, lo que yo veo te lo muestro y tu lo sientes de la forma en que participas de ello, estás en mis historias, porque te gusta estar allí, porque eres el personaje que me lee cuando estoy ocupado trabajando, mientras al otro lado de la oficina, estás apoyada con la manos sobre el mentón, mirando mis correos y a veces, regalándome una hermosa sonrisa.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
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1 comentario:
Tienes un gran dominio de las palabras y de la descripción... cuentas todo de manera agradable y tan real, que me meto por completo en la situación...
gracias por compartir tu mundo...
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