jueves, 4 de diciembre de 2008

Soledad...

Anoche, justo a la hora maldita me toca hacerme el muerto para no compartir mi alma con una boca mojada en cerveza y permitirle robarse el sabor de mi piel de una cama clandestina.

Dormí con una amiga para evitar dormir con otra que no lo era, una amiga que hace bastante tiempo no acurrucaba en mi pecho porque sus compañías lejanas no lo permitían, mi eterna amiga Soledad. Una guitarra vieja toca una triste tonada, sin saber que en su letanía se encuentran cobijadas palabras de un éxodo con el cual bailo en tu sonrisa. Pasa el tiempo y la espera se hace corpórea, hora de dormir, una cama y dos almas por descansar se precipitan al sueño etílico que el espacio las invita a compartir, quise dormir solo y esa voz tentadora trató de hacerme caer en la fascinación de acurrucarme en otra piel, pero soy más determinado y el dulce recuerdo de una mujer que otra vez aparecía, daba vueltas en mi cabeza y me hizo caer en sus brazos como un niño que necesita ser mimado, la soledad apareció a mi lado y suavemente me pidió que durmiera. Al otro lado de la habitación, otra alma esperaba que la rodeara en mis brazos mientras sentí su desprecio en mi descanso.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Llamada nocturna

¡Sí!, lo recuerdo…
Bajo la sombra de ese árbol descansan años bellos, ese que se logra ver desde la ventana de tu casa y en la corteza tiene tallados los nombres de nuestros amigos, recuerdo de él, tu espalda apoyada en el tronco, tus caderas, tus piernas, recuerdo también, tus pechos asomados entre la blusa desabotonada y tu boca en mi cuello guardando los gemidos en nuestros escondidos encuentros casuales, mirando si tu padre se asomaba por tu tardanza. A veces me pregunté qué hiciste con todas mis cartas, porque jamás respondiste o si en tu diario me habrás dedicado algunas letras, pero prefiero pensar que alguien disfruta tu cuerpo de la manera en que yo lo hacía, ¡no te enojes!, cuando llamas como ahora, recuerdo lo que sucedía pasadas las 10 de la noche en el parque, donde acostumbrábamos practicar nuestro amor libre, recuerdas como nos gustaba hacer el amor sobre una manta entre los árboles, refugiados del mundo externo en ese paraíso de sombras. Sí, definitivamente debes recordarlo, por eso estamos llamando.

Hubo momentos en que te deseaba en mi cama y tantas otras en que allí también te tuve, cosas sencillas que me hicieron abrazar la almohada para sentir algún resabio de tu aroma, pero no encontré nada, pasé por momentos tristes cuando me cambiaste, pero lo agradecí después, porque me dejaste libre para disfrutar otros cuerpos, algunos de los cuales tengo más recuerdos que del tuyo y de otros que ni siquiera toqué, pero en el fondo así son las oportunidades, porque también disfrazamos nuestra esencia para obtener un poco de cariño, nos negamos, nos brindamos y seguimos adelante, contando nuestras irónicas y patéticas vidas como si ha alguien le importara mientras luego haya sexo, pero aquí estamos, conversando telefónicamente de aquellas cosas que dices extrañar y de las cuales, se me acelera el pulso por los detalles que tu guardaste más que yo.

Me pregunto si estarás tratando de manipularme porque te sientes sola, tal vez quieres que cruce la calle como la última vez que te atreviste a llamarme por mi cumpleaños y terminamos en un Motel, aunque en realidad sabías que faltaba un mes todavía, pero te cedí el mérito, ya pasó más de un año de eso, esta vez no te servirá la excusa, debo añadir que me agrada sentirme deseado por un instante, también, que me agradaban tus orgasmos al oído y la manera de sutil que tienes para pedir cosas en la cama, además de la entrega para las cosas nuevas, por mucho tiempo creí que no existían chicas mejor preparadas que tú, pero también que ha algunas les enseñé nuestros secretos aludiendo que tenía buena escuela y han sido exitosos encuentros.

Espera, ¡no levantes la voz!, ¿acaso no lo has hecho ya?, a más de alguno haz de haber estimulado de la manera en que a mí me gustaba, ¿celos dices, de cuáles celos me hablas?, ¡no tenemos nada!, de hecho, sostenemos una conversación abierta de nuestros pasares después de terminar la relación.

Tienes razón, nos equivocamos, pero si vas a colgar, no será para ir a abrirte la puerta, no saldré, estoy acostado ahora, tengo cosas que hacer mañana...

¡No!, no quiero hablar cara a cara… ¿y qué es lo importante?, pero…

¡Qué!, -estoy solo y trataré de dormir apenas cuelgue el teléfono…

¡Entiende por favor!, no soy tu sicólogo personal, y no quiero contarte mis problemas, son míos, yo los soluciono, no quiero tu ayuda.

¡No!, tú empezaste, sólo respondo tus preguntas, espera, tengo otra llamada.

Voy a colgar, debo salir, apagaré el celular porque necesito concentración y se que llamarás.

No te preocupes, son cosas del trabajo, discúlpame si he sido un poco tosco, a fin de cuentas igual quiero verte, pero no quiero lo mismo.

No creo que resulte ser amigos, pero no me cierro a la posibilidad.

Definitivamente no, eso quedó atrás aunque lo tenga presente, espera, otra llamada.

Ya no saldré.

Ok., miraré por la ventana.

Me gusta lo que veo ¿y a ti?.

No, tendré el día libre, te paso las llaves por la ventana.

Si, tengo vino, cuando entres descórchalo, ordenaré la cama, subes las copas y algo de queso, están en el refrigerador.

No, no es necesario, me quedan 5 en el velador, pero si tienes tráelos, creo que será una noche larga.

¡Ja!, pero la última vez no resultó eso.

Me convenciste, trae las películas, me compré una cámara, podemos filmar algo.

¿Tienes papelillos?, a mí se me acabaron…

Ya, te espero…

¡Haló!, ¿estás afuera?, te lanzo las llaves enseguida…

Lunes, correo para ella...

El Viernes quería preguntarte que harías, en realidad quería pasar parte de una noche de Ron como en otras ocasiones para relajar la semana, para sentirme más apegado a ti y conversar por un buen rato, entre risas, las estrellas y el balcón olvidado del departamento de mi amigo por todo el fin de semana, pero ahí estaba, solo, oyendo música y viendo uno que otro video acompañado de cabritas caseras con mantequilla para hacer sed y una botella de vodka que no daña mi organismo y me provoca mucha risa, un jugo de naranjas exprimidas y uno que otro sátiro preparado para las posibles visitas.

En realidad esperaba que fueras tú, me dio un poco de vergüenza preguntar si te gustaría acompañarme, aunque el lugar tiene varias habitaciones en caso de que hubieses querido quedarte y goza de algunos sillones semicirculares que siempre apuntan a los ventanales para acompañarse de la Luna cuando esta nos ofrece su extraña y pálida belleza. En fin, allí me quedé, cuidando su departamento en soledad excepto por el negro, su perro, un travieso que tuve que alimentar. Bebiendo un poco y disfrutando de la espectacular lluvia citadina caer sobre las almas transeúntes de esta indómita y nocturna urbe contaminada, acompañado de luces tenues y velas encendidas y por sobre todo, muchas ganas de conversar, me arrimé al teléfono y marqué tu número, pero no quise mantener el pulso y corté rápidamente, luego me dije al diablo, no voy a molestar a nadie y voy a disfrutar este espacio que no se tiene todos los días, aproveche parte de la noche trabajando en mis escritos y otro poco durmiendo cuando se acabó el vodka.

Llegó el Sábado y por la mañana me puse el buzo, las zapatillas un polerón grueso, mi pañoleta y el walkman de mi amigo para salir a pasear al perro, camino al parque forestal me dieron ganas de correr, así que una vez allá, le solté la correa al negro y me saqué la mía, troté por más de una hora, me agradó recomponer mis muslos al ejercicio como antes, cuando lograba canalizar la mala energía y la quemaba en el camino, dejando todo atrás, olvidando todo, excepto al perro que disfrutaba conmigo saltar sobre las posas de agua y sobre las bancas del parque, estábamos por poco solos, no había mucha gente, supongo que el frío espanta a las personas y entonces fue más agradable aún. Ya de vuelta en el depa, me metí a la ducha y me saqué de encima todo lo que queda en la piel y que no se va en el camino y una vez seco, me dediqué a bañar al perro con la estufa en el baño y el secador de pelo, el pobre negro parecía pelusa, pero le agradecí la compañía y me pareció que a él también. A eso de las 3, recién quise comer algo, porque me había tomado como 2 litros de leche y comido unas cuantas manzanas durante la mañana, se me ocurrió que una cazuela no era malo para un día que otra vez comenzaba a mojarse, me quedó rica creo, recibí unas llamadas y al rato tuve visitas, unas amigas que Marco me dijo irían a recoger su ropa para lavarla y luego ordenarían el depa, la verdad, yo ya había limpiado, pero la compañía nunca es mala, además el ya había pagado el servicio, así, que las dejé pasar y entre una y otra cosa, nos reímos un rato, se fumaron una rama, me acompañaron al super, compramos más vodka, más naranjas y nos largamos a reír toda la tarde, yo quise que estuvieras ahí, pero otra vez no me atreví a llamarte. Pasadas las 10, el perro no quería caminar, estaba cansado me pareció, así que lo dejé recostado en su cama y preparé la noche, busqué unas clásicas películas, preparé más cabritas, me quedaba algo de vodka y jugo, las muchachas se habían ido como a las 9, yo me recosté en el sillón con unas mantas a disfrutar la película que duró hasta que cerré los ojos porque me dormí muy profundamente, estaba tan relajado que desperté con un movimiento brusco en los pies y mientras el eco de una risa se oía de lejos, terminé de abrir los ojos y veo a mi amigo riendo, todavía estaba oscuro, la tele prendida en nada, el perro durmiendo patas arriba y el reloj marcando las 5 de la madrugada, desperté relajado, mi amigo venía todo revolucionado, tenía ganas de hablar y de preguntar todo, de cómo me había parecido cuidar el depa y al perro y que si sus amigas habían ido por sus cosas, ¿qué le podría haber dicho?, -¿cuándo te vas de nuevo? -le pregunté- y nos reímos un rato, me desperté mucho parece en ese momento, el Marco sirvió Whisky con hielo, sacó uno de los sátiros que no quise tocar porque no tenía ganas, pero que no me negué a fumar con el, luego de unas pitadas y unas copas, otra vez entre risas y los pormenores de su viaje, nos dormimos sentados en el sillón a eso de las 8 de la mañana.

Desperté como a las 11 y a él también, le dije que se fuera a su pieza, que yo me iba a levantar y que ordenaría todo antes de irme. Tenía cosas que hacer en mi casa, así que como puedes ver, pasé el fin de semana fuera hasta la hora de almuerzo, cuando llegué mi papá me lanzó una broma preguntando cómo se llamaba la mujer que me había desaparecido, típico de los papás, pero bueno..., casi dijo algo bochornoso cuando vi que mi hermano Octavio fue a saludarme, créeme, fue loco, por poco y digo tu nombre y no entiendo a qué se debía, lo único claro para mí, es que logro comprender las cosas que me ocurren en espacios compartidos y con personas cercanas, en efecto sentí que me desapareciste, en efecto y de hecho te extrañé muchísimo, en otras palabras me acompañaste mucho este fin de semana, recordando que nuestros mundos alternos, nos hacen acercarnos en ocasiones y al dejar caer unas cuantas palabras en la recepción a veces o nuestras pequeñas grandes conversaciones entre líneas, supe indeterminadamente que nos debemos un abrazo y que en realidad me gustaría abrazarte por un momento largo y agradecerte, que también logras sacarme de la oficina, aún cuando no hagas nada por hacerlo, pero que también me llevas a ella porque es el lugar donde paso más tiempo contigo.

Recuerdo que hace unos días atrás, en tu último correo, me dijiste que sentías conectarte conmigo, puedo decir que las historias que te comparto, tienen matices que seducen tus ojos, porque están hechas para eso, para sumergirte en mi mundo y para compartir aquello que de mi desconoces aun cuando lo muestro a simple vista, entonces enciendo otra vez mis ansias a escribir y te digo que sí, que estamos conectados en un sentido muy especial, nuestra red son los ojos, lo que yo veo te lo muestro y tu lo sientes de la forma en que participas de ello, estás en mis historias, porque te gusta estar allí, porque eres el personaje que me lee cuando estoy ocupado trabajando, mientras al otro lado de la oficina, estás apoyada con la manos sobre el mentón, mirando mis correos y a veces, regalándome una hermosa sonrisa.

martes, 2 de diciembre de 2008

Sólo de paso por Av. Brasil

Mi libertad se ha coartado por una verdad quebrantada, la sensación de haber estado en lugares que no recuerdo precede a mi deseo real de existir entre tus brazos,aunque los hechos me hacen despertar del letargo. He estado oculto en mis ojos mucho tiempo y este espacio baldío me hizo sentir el frío de tu ausencia presente, estoy involucrado cabalmente en sentidos que no se justifican y simplemente me he dejado llevar a ellos sin preguntarme lo necesario, porque realmente estoy condenado a seguir callando un secreto a voces, voces que por cierto no conoces, en ese viaje, despertaste o sigues dormida a tus verdades o tal vez mas despierta para sufrir realidades, algunas de las cuales ya se hicieron parte de mi.

Por el amor que no tocaste me liberaste de ese sufrimiento, por eso cuando llegaste encuentras la respuesta de mi sonrisa a tus palabras y a las historias de aquellas travesías que forjaste para tus memorias.

Han pasado unas cuantas horas en tratar de encontrarte, en este vano intento tus responsabilidades aparecieron como un estigma a mi necesidad de una respuesta, pero, como otras veces, la única sensación que me quedó fue la del silencio y con el me sentí retroalimentado.

Eres para mi casi intocable, muchas de las cosas que quise se entusiasmaron a sentir por un instante una boca perfecta cerca de la mía, unos ojos cerrados a este destino y unos brazos esperando consumarse otra vez entrelazando sus recuerdos de los tuyos. No puedo negar que las ansias de soslayar tu cintura y perderme en tu ombligo, se manifiestan en mis sueños varias veces, no puedo argumentar que no hice lo necesario para conseguir que tus pasos me siguieran, pero, ¿que más puedo hacer cuando ya las cosas no se eclipsan en ese roce imaginario, produciendo esa elipse cegadora de dos poderes totalmente opuestos?, de este viaje sólo me quedó adorarte hasta pasar el suspiro que me provoca tu nombre, sólo me queda abrigarme de sensaciones que pude sentir con los ojos cerrados en una estación que me trajo mas frío sin la cobija que buscaba en la soledad presente, como tu de la necesidad de mis historias, ha sido un real placer en la magnitud consecuente de seguir mis ideales, el haber conseguido que sólo una vez pudieras mirarme de la manera que ansiaba mi corazón, me siento lleno de haber recibido de ti, una instancia que me sumergió más en las esperanzas de un amanecer tibio, aunque sin caricias.

Ha sido hermoso y seguirá siendo una hermosa locura el haber sentido por ti, algo que pensaba no renacer dentro de mi alma otra vez. He caído sobre mis hombros sin saber lo que hago y por qué, recorro las calles de mi nuevo barrio, sintiendo aquellas cosas que había dejado atrás, pero esta vez sin decirle al viento lo que estoy pensando, estas calles frías de personas disgustadas y algunas veces otras de la mano, me dejan desafiar mi conciencia de pensar en sólo seguir la ruta, pero a veces extraño la tibieza de una mujer a mi lado. En ocasiones salgo de cacería urbana, buscando alguna presa de fácil acceso pero sin las consecuencias de una noche desenfrenada, el sexo casual se torna hostil y una vez saciado no busca amaneceres. Dejé de hacer algunas de las cosas que mi biológica humanidad buscaba saciar sin la reciprocidad benefactora de la culpa, lo hacía pensando en olvidar a una mujer preciosa que me cautiva y encapsula mis instintos hasta soñarla, he estado viviendo aprisionado, atado a las consecuencias que la vida compartida me trajo sin pedir y por última vez he pedido hacia mis adentros una oportunidad para ser más natural. Me solté un poco en los últimos correos que te he enviado, dejé fluir los canales de mi sangre por su curso natural, dejé a mi corazón latir por tí muy fuerte y a mis dedos escribirte por las noches. He tenido la cabeza ocupada buscando una excusa para no llamarte por creer que estás con alguien.